El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asistirá este viernes a la nueva edición de la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, un evento que fue suspendido el pasado 26 de abril cuando un hombre armado intentó irrumpir en el salón donde se celebraba la gala, en un fallido atentado contra el mandatario.
La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA), que agrupa a los periodistas que cubren la Presidencia y organiza anualmente esta tradicional cena en Washington, ha confirmado que reforzará las medidas de seguridad para la velada. Como consecuencia del incidente, la gala cambiará de sede y se trasladará al Hotel Waldorf Astoria de Washington —un inmueble que en el pasado perteneció a la familia Trump— en lugar del Hotel Washington Hilton, que había sido el escenario habitual del evento.
El atentado frustrado ocurrió el 26 de abril, cuando Cole Allen, un hombre de 31 años, intentó acceder armado al salón donde se desarrollaba la cena, a la que asistían unas 2.000 personas, entre ellas el presidente, la primera dama Melania Trump, el vicepresidente JD Vance y numerosas autoridades. El sospechoso, que había reservado una habitación en el hotel para eludir los controles de seguridad, desencadenó un tiroteo con los agentes que no dejó víctimas, pero obligó a evacuar de inmediato al presidente. Trump compareció poco después en una rueda de prensa de urgencia en la Casa Blanca y pidió que la gala se celebrara de nuevo lo antes posible.
Allen, que dejó por escrito que su objetivo eran miembros de la Administración Trump, enfrenta cargos por intento de asesinato del presidente —delito castigado con cadena perpetua—, además de dos cargos relacionados con el uso de armas y otro por agresión a un agente. El incidente puso de manifiesto las vulnerabilidades de seguridad del evento, ya que el hotel permitía el acceso de huéspedes ajenos a la gala.
La WHCA, fundada en 1914 y que celebró su primera cena anual en 1921, ha contado con la presencia de todos los presidentes estadounidenses desde Calvin Coolidge en 1924. La edición de este viernes no solo restablece una tradición interrumpida por la violencia, sino que se convierte en una prueba de fuego para la seguridad presidencial en un contexto de creciente polarización política.