El cofundador de Microsoft, Bill Gates, lanzó un pronóstico contundente sobre el futuro de la inteligencia artificial: la mayoría de las empresas que hoy apuestan por esta tecnología terminarán fracasando. En una entrevista con el medio australiano Financial Review, el multimillonario de 70 años advirtió que el frenesí bursátil en torno a la IA —que ha impulsado récords en índices como el Kospi de Seúl— no debe confundirse con los beneficios reales que esta innovación pueda aportar a empresas y trabajadores.
Gates señaló que el auge beneficiará únicamente a las opciones «correctas», entre las que citó a Microsoft, Google y Apple, mientras que numerosas compañías —muchas de ellas de origen chino y con capitales multimillonarios— enfrentan un futuro incierto. A diferencia de la irrupción de los ordenadores o internet, Gates considera que la IA generará una disrupción más amplia, «en cuanto al número y tipo de empleos afectados, incluidos los de 'cuello blanco' (técnicos o calificados), y por su velocidad».
«Dentro de diez años, creo que el mercado laboral podría ser muy diferente; no habrá desaparecido, pero será muy distinto», afirmó. En cuanto al trabajo manual, Gates estima que los robots «aún no están listos para realizar la mayor parte del trabajo humano manual», pero pronostica que el panorama cambiará en el próximo quinquenio, «debido a los avances que se están produciendo en todo el mundo, especialmente en China, con su posición bastante fuerte en el ámbito de la robótica».
El magnate alertó que creer que la IA no avanzará en precisión es un error, y comparte la preocupación de que estas herramientas «llegarán a ser tan buenas que cambiarán el mundo». Por ello, instó a la sociedad a debatir sobre qué impuestos o políticas deberían acompañar esta transición. «La IA no es como otras tecnologías. Asegurémonos de que la sociedad hable de ello», señaló.
Gates reveló que asesora a «mucha gente» en el negocio, pero no al dueño de Tesla y SpaceX, Elon Musk. Proyectó que en el próximo lustro el mundo necesitará reformar las estructuras fiscales: «Se podría intentar desplazar la carga fiscal del trabajo —al menos del trabajo de ingresos medios o bajos— al capital, o específicamente a gravar a los robots o la IA», sugirió.