Jerusalén.– El alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán expira el próximo miércoles, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha lanzado una advertencia que hiela la sangre: "La guerra no ha terminado aún". En una ceremonia en Jerusalén junto al presidente de Argentina, Javier Milei, el mandatario israelí cuestionó la estabilidad del acuerdo y señaló, con tono sombrío, que "quién sabe qué traerá mañana, o pasado mañana". Sus palabras, pronunciadas en un contexto de máxima tensión, reflejan la fragilidad de una tregua que nunca fue del todo firme.
Netanyahu, que ha mantenido una postura beligerante desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, insistió en que la alianza con Estados Unidos será clave para alcanzar los objetivos de Israel. "La cooperación internacional permitirá llevar más luz y más esperanza a los pueblos libres del mundo", afirmó, en un intento de proyectar determinación. Pero sus comentarios sobre la inestabilidad actual dejaron claro que, para Israel, la paz sigue siendo un espejismo.
La tregua se tambalea mientras Ormuz sigue siendo un polvorín
La tregua, que abrió una ventana para negociaciones de paz, ha sido violada en múltiples ocasiones por ataques en Líbano y por el bloqueo naval estadounidense. Irán, por su parte, ha restringido el tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde fluye el 20% del petróleo mundial, y ha advertido que mantendrá el control estricto si continúa el bloqueo. Las conversaciones para una segunda ronda en Pakistán (mediador clave) están estancadas, y las diferencias sobre el programa nuclear iraní y el futuro del estrecho parecen insalvables.
Netanyahu no mencionó explícitamente a los mediadores, pero su mensaje fue claro: Israel no bajará la guardia. Mientras los diplomáticos intentan salvar la tregua, el primer ministro israelí ya prepara a su país para lo peor. "Puede haber nuevos acontecimientos en cualquier momento", advirtió. Una frase que, en la jerga geopolítica, significa una sola cosa: la guerra podría reanudarse en cualquier instante.
La sombra de Milei y el fantasma de una escalada
La presencia del presidente argentino, Javier Milei, en Jerusalén fue el telón de fondo de las declaraciones de Netanyahu. El mandatario israelí recordó, con un tono más distendido, que visitas anteriores de Milei coincidieron con hechos relevantes. Pero la broma no ocultó la gravedad del momento. El miércoles, cuando expire la tregua, el mundo contendrá la respiración. Si no hay acuerdo, los bombardeos podrían reanudarse. Y el estrecho de Ormuz, esa arteria energética global, volvería a ser un campo de batalla.
Netanyahu ha hablado. La guerra no ha terminado. Y la paz, como las arenas del desierto, se desvanece entre los dedos. El reloj sigue corriendo. Y Oriente Medio, una vez más, se prepara para el peor de los escenarios.