Washington.– En un giro inesperado que ha dejado al mundo conteniendo la respiración, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes la suspensión temporal de los bombardeos y ataques contra Irán por un periodo de dos semanas. La decisión, comunicada a través de su red Truth Social, llega apenas horas antes de que venciera su ultimátum para la reapertura del estrecho de Ormuz, y tras una mediación de emergencia del gobierno de Pakistán.
“Estaba todo listo para esta noche. Pero Pakistán nos pidió detenernos. Y aceptamos”, escribió Trump, revelando que el primer ministro Shehbaz Sharif y el jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir, intercedieron directamente para evitar una escalada que habría desatado “el infierno” sobre las infraestructuras civiles iraníes.
La suspensión, sin embargo, no es un gesto gratuito. Está condicionada a que Irán permita la apertura “completa, inmediata y segura” del estrecho de Ormuz, la arteria por donde transita el 20% del petróleo mundial, bloqueada por Teherán desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. Trump calificó la medida como un “alto el fuego” en doble vía: si Irán abre el paso, Estados Unidos mantendrá la pausa; si no, el ataque anunciado se ejecutará.
Pakistán, el mediador silencioso que frenó la guerra
El papel de Pakistán ha sido crucial. En las últimas 48 horas, Islamabad desplegó una intensa diplomacia de emergencia, con llamadas directas entre Sharif y Trump, y contactos paralelos con los líderes iraníes. Pakistán, que comparte frontera con Irán y mantiene relaciones complejas con Estados Unidos, se ha convertido en un intermediario inesperado pero eficaz. Su ejército, uno de los más poderosos de la región, tiene canales abiertos con la Guardia Revolucionaria iraní, lo que permitió destrabar el diálogo en el momento más crítico.
Trump agradeció explícitamente a Sharif y Munir por su “extraordinario esfuerzo” y confirmó que las negociaciones entre Washington y Teherán, canalizadas a través de mediadores paquistaníes y turcos, están “avanzadas” y podrían conducir a un acuerdo definitivo en las próximas dos semanas.
Objetivos militares cumplidos: ¿el principio del fin?
El mandatario estadounidense aseguró que, con los bombardeos de los últimos días —incluido el ataque a la isla de Jarg, corazón petrolero de Irán—, Estados Unidos ya ha alcanzado sus principales objetivos militares. “Hemos degradado su capacidad de agresión. Hemos demostrado nuestra fuerza. Ahora toca la diplomacia”, afirmó.
La suspensión de dos semanas abre una ventana de oportunidad para que Irán responda a la demanda de reabrir el estrecho sin perder la cara. Teherán ha mantenido que el bloqueo es una respuesta legítima a la agresión estadounidense e israelí, pero la presión económica global —con precios del petróleo disparados y economías al borde de la recesión— podría inclinar la balanza hacia un acuerdo.
Las condiciones: apertura completa y segura
Trump fue explícito: la tregua no es un regalo, sino un intercambio. “Si Irán permite el tránsito completo, inmediato y seguro por Ormuz, mantendremos la pausa. Si no, el ataque que estaba previsto para esta noche se ejecutará”, advirtió. La fórmula “completa, inmediata y segura” implica que Teherán no podrá mantener su sistema de peajes o restricciones selectivas para ciertos países; deberá permitir el paso de todos los buques, incluidos los estadounidenses.
Irán, por su parte, aún no ha respondido oficialmente. Pero fuentes cercanas a las negociaciones indicaron que la propuesta está siendo evaluada en Teherán. La Guardia Revolucionaria, que horas antes había amenazado con responder “más allá de la región” a cualquier ataque a infraestructuras civiles, guardó silencio tras el anuncio de Trump.
El mundo respira, pero no se confía
Las bolsas asiáticas reaccionaron al instante con subidas moderadas, y los precios del petróleo cayeron ligeramente ante la expectativa de una reapertura de Ormuz. Sin embargo, los analistas advierten que dos semanas es un plazo muy corto para resolver un conflicto de décadas. La desconfianza entre ambas partes es profunda, y cualquier incidente menor —un dron, un misil, un barco sospechoso— podría hacer saltar por los aires la tregua.
Por ahora, el mundo respira aliviado. Los puentes y las centrales eléctricas de Irán no serán bombardeados esta noche. Las familias en Teherán, Haifa y Dubái pueden dormir sin el estruendo de las explosiones. Pero la guerra no ha terminado; solo está en pausa. Y el reloj de dos semanas ya ha comenzado a correr.