El Programa Mundial de Alimentos denuncia un encarecimiento del 18% en sus operaciones y graves interrupciones logísticas en el estrecho de Ormuz. Afganistán, Somalia y Kenia, en el punto de mira.
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán no solo está reconfigurando el mapa geopolítico de Oriente Próximo. Sus efectos colaterales amenazan con disparar el hambre en el mundo a cifras nunca vistas desde la pandemia. Así lo advirtió este martes el director ejecutivo adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Carl Skau, en una intervención en la que elevó todas las alarmas.
Si el conflicto se prolonga hasta junio, 45 millones de personas más se sumarán a las 319 que ya sufren hambre en la actualidad. El cálculo, demoledor, dibuja un escenario en el que la inseguridad alimentaria global alcanzaría los 364 millones de afectados, agravando una crisis humanitaria que ya es la más grave de las últimas décadas.
Un organismo humanitario al borde del colapso logístico
El PMA, principal brazo logístico de Naciones Unidas para fines humanitarios, está sintiendo en primera línea los efectos de la guerra. Desde el inicio del conflicto, sus operaciones han sufrido un impacto directo: los costes se han disparado un 18% de media, lastrados por el encarecimiento del combustible y los continuos retrasos en los envíos de cargamentos humanitarios.
"Es posible que nuestro abastecimiento y nuestras cadenas de suministro se encuentren realmente al borde de la crisis más grave desde la COVID y la guerra de Ucrania en 2022″, alertó Skau, subrayando la gravedad de un momento en el que cada día de guerra añade presión a un sistema ya tensionado al límite.
Afganistán, el primer damnificado por las rutas cortadas
El responsable del PMA puso nombre y apellidos a los primeros efectos del conflicto. Afganistán, un país que ya arrastra una crisis humanitaria de enormes proporciones, ha visto cómo sus cadenas de suministro quedaban bloqueadas. "Realizar entregas a través de Irán o de Pakistán se ha vuelto imposible", explicó Skau, en referencia al conflicto armado que enfrenta a ambos países.
Pero el principal cuello de botella tiene nombre propio: el estrecho de Ormuz. Por esta ruta marítima esencial no solo transita el 20% del petróleo mundial, sino también el 25% de los fertilizantes que se comercian en el planeta. "Estamos tardando más en entregar por el mar y nuestros costes se han incrementado en el estrecho", apuntó Skau.
Fertilizantes: la próxima bomba de relojería
La escasez de fertilizantes, consecuencia directa del bloqueo en Ormuz, amenaza con desencadenar una crisis alimentaria en cascada. Los países del África subsahariana, que se encuentran en plena temporada de cultivo, serán los primeros en sufrir sus efectos. Especialmente Somalia y Kenia, cuya producción agrícola depende en gran medida de los fertilizantes importados de los países del Golfo.
"Una reducción en la disponibilidad de fertilizantes puede provocar malas cosechas y más gastos para los agricultores", advirtió Skau, dibujando un círculo vicioso en el que los más pobres acaban pagando la factura más cara.
Millones de familias en el alambre
El aviso del PMA apunta directamente a los más vulnerables. Millones de familias sin acceso estable a alimentos, particularmente en países de África y Asia altamente dependientes de las importaciones, podrían verse abocadas a una situación límite si la guerra se prolonga.
Skau recordó un dato que a menudo se olvida: el 75% de las personas con inseguridad alimentaria la sufren como consecuencia directa de conflictos armados, desastres naturales o eventos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático. La guerra en Irán, por tanto, no es una excepción: es el último y más devastador eslabón de una cadena de crisis superpuestas.
Mientras los misiles siguen cayendo sobre Irán, en los almacenes del PMA crece la preocupación. El reloj corre y 45 millones de personas esperan, sin saberlo, que la guerra termine antes de que el hambre llegue para quedarse.