Salud

Un informe global revela una alarmante inequidad en la salud de las mujer: pérdidas millonarias y una brecha histórica en la atención

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Un nuevo informe del Foro Económico Mundial y Boston Consulting Group expone una grave disparidad: aunque las mujeres representan el 49% de la población mundial y viven más años, pasan un 25% más de su vida con mala salud o discapacidad. Colectivamente, pierden unos 75 millones de años de vida saludable al año, equivalente a una semana de salud perdida por mujer.

Inversión desproporcionadamente baja
Esta carga desatendida contrasta con una inversión privada extremadamente baja. La salud de las mujeres recibe solo el 6% de la financiación sanitaria privada total. En el ámbito de la tecnología sanitaria, las empresas centradas en mujeres captaron apenas el 2% de la inversión de capital riesgo en 2023. Esta brecha se perpetúa por un enfoque de financiación limitado: alrededor del 80-90% se concentra en salud reproductiva, cánceres femeninos y atención materna, dejando condiciones de alta prevalencia como la endometriosis o la menopausia con menos del 2% de los recursos.

Una ineficiencia de mercado histórica
La negligencia no solo es un problema de salud pública, sino también una ineficiencia económica. Solo en EE. UU., una mejor atención para la menopausia, osteoporosis, alzhéimer y enfermedades cardiovasculares en mujeres podría liberar más de $100,000 millones en valor de mercado. Cinco afecciones específicas representan el 14% de la carga de enfermedad femenina, pero han recibido menos del 1% de la financiación para investigación.

El camino a seguir: evidencia, representación y capacidad
El informe señala que la evidencia sólida es el principal motor para cambiar esta dinámica. Esto requiere incluir adecuadamente a las mujeres en los ensayos clínicos –actualmente infrarrepresentadas con solo un 41,2% de participación– y profundizar en la comprensión de sus afecciones. La innovación debe ir acompañada de capacidad de prestación y financiación sostenible para lograr un impacto real, un proceso que implica traducir la ciencia en políticas y, finalmente, en servicios escalables.

Cerrar esta brecha no es solo una imperativo moral, sino una oportunidad económica y social de proporciones históricas.