El presidente dedicó gran parte de su discurso a presumir de su gestión, defender los aranceles anulados por el Supremo y atacar a una oposición que respondió con silencios, pancartas y abucheos. La Cámara expulsó al representante Al Green por mostrar un cartel contra el racismo. Trump también anunció condecoraciones, advirtió a Irán y elogió el derrocamiento de Maduro.
Washington — Fue el discurso sobre el Estado de la Unión más largo jamás pronunciado. Y también uno de los más divisivos. El presidente Donald Trump compareció este martes ante una sesión conjunta del Congreso en un ambiente de confrontación total: los republicanos lo ovacionaban de pie, los demócratas permanecían sentados en señal de protesta y, en no pocas ocasiones, lo abucheaban sin disimulo.
Trump, fiel a su estilo, no se amilanó. "Esta noche, después de sólo un año, puedo decir con dignidad y orgullo que hemos logrado una transformación como nadie ha visto antes, y un giro para la historia", proclamó ante una Cámara que reflejaba la fractura política del país.
Un presidente contra las cuerdas (y las encuestas)
El mensaje en horario de máxima audiencia, retransmitido por las principales cadenas, llegaba en un momento delicado para la Casa Blanca. Trump afronta su primer año de regreso al poder con índices de popularidad bajo mínimos y el temor de que los republicanos pierdan el control del Congreso en las legislativas de noviembre. Un escenario que no solo paralizaría el resto de su mandato, sino que le expondría a un posible tercer juicio político.
Consciente de ello, el presidente intentó equilibrar la arenga partidista con apelaciones al patriotismo transversal. Invitó a héroes militares, al equipo masculino de hockey ganador del oro olímpico y a un "expreso político" liberado tras el derrocamiento de Nicolás Maduro en Venezuela. Anunció la concesión de la Medalla Presidencial de la Libertad al portero del equipo de hockey y entregó Medallas de Honor a un piloto herido en la incursión contra Maduro y a un veterano de la Guerra de Corea de 100 años.
Aranceles, Supremo y el choque con los demócratas
Pero el tono se torció cuando Trump abordó sus políticas más polémicas. Defendió su mano dura contra la inmigración y, sobre todo, los aranceles generalizados que el Tribunal Supremo acaba de anular. Calificó el fallo de "desafortunado" e insistió en que "todo funcionaba bien" antes de la sentencia.
El presidente prometió seguir adelante utilizando leyes "alternativas" para imponer impuestos a las importaciones y llegó a sugerir que los aranceles podrían "sustituir sustancialmente" al impuesto sobre la renta. Ignorando la evidencia económica de que el coste lo asumen consumidores y empresas estadounidenses, afirmó que los pagan los países extranjeros. "Están salvando a nuestro país", sentenció.
La oposición respondió con abucheos cada vez más audibles. Trump, lejos de contemporizar, arremetió: "Deberíais avergonzaros de vosotros mismos". Más tarde señaló a los demócratas y proclamó: "Esta gente está loca. Los demócratas están destruyendo nuestro país".
El momento más tenso: Al Green, expulsado
La tensión alcanzó su clímax cuando el representante demócrata Al Green desplegó un cartel de protesta en el que se leía: "¡Los negros no son simios!". La pancarta aludía a un vídeo racista que Trump publicó en el pasado, en el que aparecían el expresidente Barack Obama y su esposa Michelle representados como primates en una selva.
Green fue inmediatamente expulsado de la Cámara, repitiendo la escena del año anterior, cuando también fue desalojado durante un discurso de Trump.
Advertencia a Irán y balance de guerra
En política exterior, Trump aseguró que Irán "está persiguiendo de nuevo sus siniestras ambiciones nucleares" y advirtió que nunca permitirá que Teherán tenga un arma nuclear. "Mi preferencia es resolver esto a través de la diplomacia", dijo, aunque recordó los ataques aéreos del verano pasado contra las capacidades nucleares iraníes.
Elogió también la incursión que derrocó a Maduro en Venezuela y la mediación de su Administración para un alto el fuego en Gaza. Pasó de puntillas, sin embargo, por la tensión con aliados de la OTAN, su presión para arrebatar Groenlandia a Dinamarca y la falta de una línea dura contra Vladímir Putin en Ucrania.
El discurso más largo de la historia quedará, al final, como el reflejo de una presidencia que no renuncia a la confrontación y de un país que, sentado en su propio hemiciclo, ni siquiera finge ya la unidad.