En una entrevista con el comentarista conservador Hugh Hewitt, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró este jueves su creencia de que el gobierno cubano “está muy cerca” de colapsar, aunque se abstuvo de amenazar con una intervención militar directa en la isla.
Declaraciones clave:
Trump vinculó la posible salida del régimen de Miguel Díaz-Canel con la pérdida del apoyo económico de Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro y los acuerdos establecidos con el gobierno interino de Caracas. “No se puede ejercer mucha presión”, reconoció el mandatario, sugiriendo que la caída sería resultado de la asfixia financiera y no de una acción militar estadounidense.
Contexto bilateral y operación en Venezuela:
La estrecha alianza entre Cuba y Venezuela, vigente desde los acuerdos de cooperación de Hugo Chávez, ha permitido a La Habana acceder a petróleo subsidiado a cambio de envío de profesionales (médicos, maestros). La operación militar del 3 de enero en Caracas, que resultó en la captura de Maduro, dejó 32 militares cubanos muertos según fuentes oficiales de la isla, evidenciando la profundidad de la colaboración entre ambos gobiernos.
Política de presión de EE.UU. hacia Cuba:
Trump recordó que su administración mantendrá la estrategia de sanciones y restricciones económicas hacia Cuba, reforzada en junio de 2025 con un memorando que:
- Prohíbe transacciones financieras con entidades controladas por el gobierno cubano.
- Restringe aún más el turismo y los viajes a la isla.
- Supervisa de manera estricta las operaciones económicas relacionadas.
Aunque Trump evita comprometerse con una intervención armada, su discurso refuerza la presión económica y diplomática como herramienta para desestabilizar al gobierno cubano, apostando a que la pérdida del soporte venezolano acelerará una crisis interna. La situación refleja una estrategia indirecta de cambio de régimen, donde Washington prefiere que la caída sea percibida como resultado del aislamiento financiero y no de una invasión.
El planteamiento de Trump se enmarca en una política hemisférica que busca redefinir las alianzas regionales, sustituyendo gobiernos afines al socialismo por administraciones alineadas con los intereses estadounidenses.