Lo que debía ser una celebración del séptimo arte se ha convertido en el epicentro de una tormenta política. La Berlinale 2026, tradicionalmente el más politizado de los grandes festivales europeos, enfrenta duras críticas por lo que muchos consideran un deliberado silencio institucional sobre la guerra en Gaza y otros conflictos globales.
El detonante: las palabras del jurado
La polémica estalló cuando, en la rueda de prensa inaugural, los periodistas preguntaron al jurado, presidido por el aclamado director alemán Wim Wenders, por la situación actual del mundo. Sus respuestas encendieron todas las alarmas.
Wenders defendió que el cine puede cambiar el mundo, pero "no de forma política" :
"Ninguna película ha cambiado realmente la idea de ningún político. Pero sí podemos cambiar la idea que la gente tiene de cómo debería vivir. Tenemos que mantenernos al margen de la política, porque si hacemos películas deliberadamente políticas entramos en el terreno de la política" .
La miembro del jurado Ewa Puszczyńska añadió un comentario que muchos tacharon de insensible:
"Hay muchas otras guerras en las que se cometen genocidios y de las que no hablamos. Es un poco injusto que se nos pregunte qué pensamos" .
La gota que colmó el vaso: la retirada de Arundhati Roy
La respuesta más contundente llegó de la escritora india Arundhati Roy, quien tenía previsto presentar su película 'In Which Annie Gives It Those Ones' en la sección Classics. Anunció su retirada del festival con un comunicado devastador:
"Escucharles decir que el arte no debe ser político deja a uno boquiabierto. Es una forma de silenciar una conversación sobre un crimen contra la humanidad cuando aún se está desarrollando ante nuestros ojos" .
Roy fue directa al señalar a los gobiernos implicados:
"Lo que ha ocurrido en Gaza, lo que sigue ocurriendo, es un genocidio del pueblo palestino por parte del Estado de Israel. Cuenta con el apoyo y la financiación de los gobiernos de Estados Unidos y Alemania, lo que les convierte en cómplices de ese crimen".
Y concluyó con una advertencia para los cineastas:
"Si los grandes artistas de nuestro tiempo no son capaces de alzarse y decirlo, deben saber que la historia les juzgará" .
Un festival que siempre tuvo voz (y ahora calla)
La indignación crece porque la Berlinale nunca había rehuido el posicionamiento político. Durante la invasión rusa de Ucrania, el festival fabricó su emblemático pin del osito con los colores de la bandera ucraniana. En 2024, premió el documental ’No Other Land', sobre el despojo de comunidades palestinas en Cisjordania, pese a las críticas del gobierno alemán.
Ahora, en cambio, las figuras invitadas —como Michelle Yeoh o Neil Patrick Harris— son señaladas en redes por esquivar preguntas sobre las redadas de ICE en EE.UU. o el auge del fascismo. Harris, en particular, afirmó que le interesaba "hacer cosas apolíticas".
La respuesta institucional: problemas técnicos o silencios deliberados
Durante la rueda de prensa, la retransmisión en directo sufrió "problemas técnicos" justo cuando las preguntas se volvían incómodas. La Berlinale se disculpó, pero el rumor de una censura encubierta ya corría como la pólvora.
Más de 80 figuras del cine han firmado una carta abierta denunciando la situación. El festival, que depende en parte de la financiación del gobierno alemán —firme aliado de Israel—, se enfrenta a un dilema existencial: mantener su identidad como espacio de debate o plegarse a los silencios diplomáticos.
Conclusión: el cine frente al espejo de la historia
La Berlinale 2026 pasará a la historia no por las películas que proyecta, sino por las preguntas que no quiere responder. En un mundo en llamas, donde el arte y la política se entrelazan de forma ineludible, declararse "apolítico" es, en sí mismo, una postura política. Y a veces, la más cómoda.
Arundhati Roy lo dijo claro: la historia juzgará. Y cuando lo haga, no solo mirará a los gobiernos, sino también a quienes, teniendo voz, eligieron callar.