A pesar de las investigaciones de Bruselas y los incidentes con productos ilegales, el gigante chino de la moda 'low cost' expande su presencia en ciudades como Limoges, Dijon o Grenoble. Las aperturas, previstas para noviembre, se materializan finalmente este miércoles.
París — Shein no se detiene. La compañía china de moda rápida, acostumbrada a navegar entre la popularidad y la controversia, inaugurará este miércoles cinco nuevas tiendas físicas en Francia, según ha adelantado la prensa gala. Los establecimientos, ubicados en las ciudades de Limoges, Angers, Dijon, Grenoble y Reims, se integrarán en centros comerciales de la cadena BHV, sumándose a la tienda que ya opera desde hace cuatro meses en el BHV del Marais parisino.
La apertura, que debía haberse producido en noviembre pasado, llega con varios meses de retraso pero con la misma estrategia: llevar la experiencia física de una marca esencialmente digital a ciudades de tamaño medio, buscando conectar con un público más allá de la capital.
Una expansión bajo vigilancia
Sin embargo, el desembarco de Shein en el territorio francés dista de ser pacífico. Tanto el Gobierno de París como la Comisión Europea mantienen a la compañía en el punto de mira. Hace apenas una semana, Bruselas anunciaba la apertura de una investigación formal contra la plataforma por lo que considera un "diseño adictivo", falta de transparencia en sus sistemas de recomendación y, sobre todo, la venta de artículos ilegales, entre los que se incluiría "material de abuso sexual infantil".
El expediente europeo no es el único frente abierto. En noviembre, las autoridades francesas dieron un ultimátum a Shein: 48 horas para retirar de su web productos que violaban la normativa, como muñecas sexuales con aspecto de niñas o armas de clase A (machetes y puños de acero). La empresa actuó con celeridad y eliminó los artículos, lo que llevó a París a no suspender por el momento su acceso en el país. Pero la advertencia fue clara: Shein quedaría bajo "estricta vigilancia".
El dilema del 'low cost' físico
La apertura de estas cinco tiendas plantea un interrogante de fondo: ¿puede un gigante del comercio electrónico, acostumbrado a operar en la inmediatez digital, adaptarse a las exigencias regulatorias y sociales del mundo físico? La tienda de París ya generó polémica desde su apertura por sus prácticas comerciales y su impacto en el comercio local. Ahora, con la expansión a provincias, el debate se replica.
Shein, mientras tanto, sigue creciendo. Sus precios bajos y su capacidad para renovar catálogo a velocidad de vértige le han granjeado una legión de seguidores jóvenes, pero también la enemistad de competidores, reguladores y defensores del comercio de proximidad.
La pregunta es si la compañía logrará conciliar su modelo de negocio —basado en la producción masiva y el consumo rápido— con las exigencias de transparencia y legalidad que reclaman las autoridades europeas. De momento, las nuevas tiendas abren sus puertas. La vigilancia, también.