La diplomacia y la guerra vuelven a cruzarse en una ciudad suiza. Este martes, las delegaciones de Irán y Estados Unidos celebran en Ginebra la segunda ronda de negociaciones nucleares, con Teherán dispuesto a ofrecer gestos concretos —como la dilución de su uranio altamente enriquecido— a cambio de un alivio económico real, y con Washington desplegando su mayor portaaviones en la región mientras su presidente sugiere que un Irán sin los ayatolás "sería lo mejor".
Las líneas rojas: misiles y enriquecimiento, fuera de la mesa
El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, lidera la delegación frente al equipo estadounidense encabezado por el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump. La cita, en la embajada de Omán, tiene como mediador al jefe de la diplomacia omaní, Badr bin Hamad al Busaidi.
Horas antes, Araqchí fue tajante en su cuenta de X:
"He venido a Ginebra con iniciativas reales para alcanzar un acuerdo justo y equilibrado. Lo que absolutamente no está en la agenda: rendirse ante las amenazas" .
El viceministro Mayid Tajt Ravanchi fue más explícito el domingo: Teherán estaría dispuesto a diluir los 440 kilos de uranio enriquecido al 60% —muy cerca del nivel militar— "siempre que Washington también entable conversaciones sobre el levantamiento de las sanciones".
Pero dejó claro que el programa de misiles balísticos no se negocia:
"Cuando fuimos atacados por los israelíes y los estadounidenses (en la guerra de los 12 días de junio), fueron nuestros misiles los que nos ayudaron; ¿cómo podemos aceptar quedar privados de nuestra capacidad defensiva?" .
La oferta económica: petróleo, minería y aviones para tentar a Trump
Los diplomáticos iraníes han resucitado una estrategia que ya ensayaron el año pasado: ofrecer beneficios económicos a Estados Unidos para endulzar un acuerdo.
Hamid Ganbari, viceministro y miembro del equipo negociador, apuntó a sectores de "alto rendimiento y retorno rápido" como el petrolero y el minero, e incluso mencionó la posible compra de aviones estadounidenses por parte de Irán. Un movimiento calculado para apelar al hombre de negocios que lleva dentro Trump.
La presión israelí: Netanyahu quiere misiles limitados a 300 km
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que se reunió la semana pasada con Trump, no ha aflojado su propia agenda. El domingo afirmó que busca que EE.UU. negocie la limitación del alcance de los misiles iraníes a 300 kilómetros, para que no puedan alcanzar territorio israelí. También exige que Irán deje de apoyar a milicias regionales como Hizbulá y que todo el uranio enriquecido salga del país. Escenarios que, por ahora, Teherán rechaza de plano.
Las amenazas de Trump: portaaviones y cambio de régimen
La segunda ronda llega con la música de fondo de los motores del USS Gerald R. Ford, el mayor portaaviones del mundo, que ya navega hacia Oriente Medio para unirse a una potente flota estadounidense.
Trump fue claro el viernes:
"Si no tenemos un acuerdo, lo necesitaremos (al Ford). Si tenemos un acuerdo, se irá. Se irá muy pronto" .
Y fue más allá al afirmar que un cambio de régimen en Irán sería "lo mejor que podría pasar" , en una de sus declaraciones más explícitas a favor de reemplazar al líder supremo, Alí Jameneí. Aunque no precisó quién podría asumir el poder, aseguró que "hay personas" para ello.
Rubio: "No es fácil"
El secretario de Estado, Marco Rubio, se mostró cauto desde Budapest:
"No es fácil alcanzar un acuerdo con Irán. Está gobernado por clérigos chiítas radicales que toman decisiones en función de la teología, no por cálculos geopolíticos" .
Desafío iraní: ejercicios navales en Ormuz
En un aparente gesto de desafío, la Guardia Revolucionaria iraní realizó este martes ejercicios navales en el estratégico estrecho de Ormuz, centrados en la "reacción rápida" frente "a conspiraciones contra la seguridad" del país. Un mensaje claro: mientras se negocia en Ginebra, Teherán no baja la guardia en su patio trasero.
Conclusión: la diplomacia en la cuerda floja
Las negociaciones de Ginebra se desarrollan en un escenario de presión máxima: Irán ofrece gestos técnicos (dilución de uranio) y tentaciones económicas, pero se niega a ceder en lo que considera su seguridad vital (misiles). EE.UU. despliega portaaviones y su presidente sugiere abiertamente un cambio de régimen. Israel, por su parte, tira de la cuerda hacia posiciones maximalistas.
El resultado de esta segunda ronda no solo definirá el futuro del programa nuclear iraní, sino que marcará el rumbo de una región entera. Ginebra es, una vez más, el escenario donde se juega la paz. O la guerra.