Ginebra.– La sala de la ONU en Ginebra se convirtió este jueves en el escenario de una denuncia que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, elevó con la crudeza de los números y la desolación de las historias no contadas. A través de un mensaje de vídeo en un foro sobre sanciones unilaterales, el mandatario reveló el impacto devastador del bloqueo energético impuesto por Estados Unidos: más de 96,000 cubanos —incluyendo 11,000 niños— esperan cirugías que no pueden realizarse por falta de electricidad. 16,000 pacientes que necesitan radioterapia y casi 3,000 que dependen de diálisis ven sus tratamientos paralizados.
"El transporte público y privado está prácticamente paralizado por falta de combustible, y las empresas y la producción de alimentos también se han visto duramente impactadas", agregó Díaz-Canel, quien calificó la política estadounidense como "una violación flagrante, deliberada e injustificada de los derechos humanos de todo un pueblo y de la libertad de comercio de terceros países".
Las cifras que duelen: niños, radioterapia y diálisis en vilo
El presidente cubano no se limitó a los grandes números. Detalló el sufrimiento concreto: 11,000 niños cuyas operaciones han sido postergadas, sus dolores agravados por la espera. 16,000 pacientes oncológicos que ven peligrar sus vidas porque los equipos de radioterapia no pueden operar sin energía estable. Casi 3,000 personas con insuficiencia renal que dependen de la diálisis para sobrevivir, ahora con sus tratamientos interrumpidos.
"Además de estas cifras, es imposible contabilizar el agotamiento físico y psicológico", afirmó Díaz-Canel, visiblemente afectado. El bloqueo energético, que se intensificó desde enero de 2025, ha dejado al país en una crisis que la ONU ha calificado como "acciones que vulneran los derechos humanos".
"Es una forma de guerra": Venezuela respalda la denuncia
El foro, organizado para visibilizar el impacto de las sanciones unilaterales en el mundo, abrió con la intervención del embajador venezolano ante la ONU en Ginebra, Alexander Yánez. "Las medidas coercitivas unilaterales son una forma de guerra, pues sus efectos son los mismos que los de los misiles", sentenció. Yánez, cuyo país también sufre un severo bloqueo, afirmó que estas acciones "dañan infraestructura crítica, sistemas de salud y destruyen la economía".
En el encuentro participaron representantes de otros países bajo sanciones, como Eritrea, Irán y Zimbabue, en un intento por construir un frente común contra lo que consideran una herramienta de dominación geopolítica.
La respuesta de Cuba: soberanía a toda costa
A pesar de las cifras escalofriantes, Díaz-Canel cerró su intervención con un mensaje de resistencia: "La determinación de los cubanos para defender nuestra absoluta soberanía es total". Advirtió que el pueblo de Cuba "no olvidará a los que ante el atropello y el chantaje se colocaron del lado de la justicia y alzaron sus manos y voces sin miedo".
El foro de la ONU se produce en un contexto de máxima tensión para Cuba, que desde mediados de 2024 enfrenta una crisis energética agravada por el bloqueo petrolero impuesto por Washington en enero de 2025. Mientras los apagones se prolongan y los hospitales luchan por mantener sus generadores de emergencia, la comunidad internacional observa dividida: unos aplauden la postura de resistencia cubana, otros exigen cambios internos.
Un debate incómodo para Occidente
El evento en Ginebra ha reavivado el debate sobre la eficacia y la ética de las sanciones unilaterales. Mientras Estados Unidos y sus aliados defienden estas medidas como herramientas de presión política, los países afectados y numerosas ONG las denuncian como castigos colectivos que golpean primero a los más vulnerables.
La denuncia de Díaz-Canel, con sus 96,000 cirugías postergadas y sus 16,000 tratamientos oncológicos interrumpidos, es un recordatorio brutal de que las guerras no solo se libran con misiles. También se libran con cortes de luz, con diálisis suspendidas, con niños que esperan en camillas mientras el reloj de sus vidas sigue corriendo. Cuba insiste en que no se rendirá. Pero mientras tanto, los números siguen creciendo. Y el silencio de la comunidad internacional, cuando se trata de estas víctimas, sigue siendo ensordecedor.