El eco de los misiles en el Golfo Pérsico no solo retumba en los mercados energéticos. También amenaza con silenciar, de golpe, los platos de millones de familias en los países árabes. La Comisión Económica y Social de la ONU para Asia Occidental (CESPAO) lanzó este jueves una advertencia escalofriante: los actuales conflictos en la región podrían sumir a 5 millones de personas adicionales en la inseguridad alimentaria, especialmente en las naciones de ingresos medios y bajos.
El detonante sería un aumento del 20 % en los precios de los alimentos. Una cifra que, según el organismo, está peligrosamente cerca de convertirse en realidad debido a las perturbaciones que ya está causando la guerra en el estrecho de Ormuz y sus alrededores.
Sistemas energéticos, hídricos y alimentarios: un colapso interconectado
La CESPAO no habla de riesgos lejanos o hipotéticos. Advierte de un peligro “inmediato y creciente”. La escalada del conflicto está provocando perturbaciones “graves e interrelacionadas” en tres pilares básicos para la supervivencia: la energía, el agua y los alimentos. Y la combinación de los tres, dice el informe, podría tener consecuencias “potencialmente devastadoras” para la seguridad humana y la estabilidad económica de toda la región.
El desplome de la exportación de hidrocarburos desde el Golfo —como consecuencia del bloqueo y los ataques— está disparando la inflación, ensanchando los déficits fiscales y elevando de forma drástica los costes de transporte y seguros. El resultado es una presión al alza sobre los precios de los alimentos, tanto en su importación como en su distribución y venta minorista.
La fragilidad de unos países que importan casi todo lo que comen
La entidad de la ONU recuerda un dato estructural que convierte a los países árabes en especialmente vulnerables: importan la mayor parte de sus cereales y cuentan con reservas limitadas. En el mejor de los casos, apenas pueden cubrir poco más de tres meses de consumo interno. Cualquier interrupción en las cadenas de suministro —ya sea por el cierre de rutas marítimas, el encarecimiento de los fletes o la falta de combustible para el transporte— se traduce de inmediato en menos comida en los mercados y precios más altos.
“Los sistemas alimentarios ya están sintiendo la presión”, alerta el informe, en un contexto donde millones de personas en la región ya vivían al borde de la hambruna antes del actual conflicto.
Agua: el otro frente silencioso
Pero el informe de la CESPAO no se detiene en los alimentos. Señala que los riesgos para la seguridad hídrica son “igualmente alarmantes”. Casi 40 millones de personas en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) dependen del agua desalinizada para beber, cocinar y mantener sus actividades económicas. Esa dependencia los convierte en un blanco frágil: cualquier daño a la infraestructura energética o de desalinización, o cualquier episodio de contaminación en las aguas del Golfo Pérsico provocado por el conflicto, podría dejar a millones sin acceso a agua potable.
El organismo es contundente: una interrupción prolongada de la desalinización “podría derivar rápidamente en una crisis humanitaria, dada la limitada capacidad de almacenamiento de agua de emergencia a nivel doméstico”. En una región donde el agua dulce natural es escasa, la guerra en el mar se convierte en una amenaza directa a la supervivencia en tierra.
Llamado urgente: reservas, corredores y alerta temprana
El secretario ejecutivo en funciones de la CESPAO, Mourad Wahba, pidió que estas “abrumadoras cifras” no queden en el papel. Exigió “acción urgente y coordinada para salvaguardar las cadenas de suministro críticas” en la región. Entre las medidas urgentes que propone están el despliegue de sistemas de alerta temprana, la garantía de almacenamiento regional de reservas estratégicas, la diversificación de los corredores comerciales y la aceleración de la inversión en sistemas resilientes de energía, agua y alimentos.
Es decir, pasar de la reacción a la prevención. Porque, como advierte la ONU, cuando el hambre y la sed golpean en medio de un conflicto, las consecuencias humanitarias se multiplican y la estabilidad regional se desmorona por otros flancos.
Un escenario que ya tiene números negros
Este informe es el segundo de una serie de estudios de la CESPAO sobre las repercusiones del conflicto actual en la región. El primero, publicado hace semanas, estimaba que la producción económica árabe se reduciría en 150.000 millones de dólares en un solo mes. Ahora, la advertencia se desplaza del PIB al estómago de los más vulnerables.
La guerra en el Golfo no solo está reconfigurando el equilibrio geopolítico del mundo. Está dejando heridas profundas en la capacidad de los países árabes para alimentar a sus poblaciones. Y mientras los misiles vuelan y los buques de guerra patrullan el estrecho de Ormuz, la ONU lanza un mensaje claro: antes de que sea demasiado tarde, hay que proteger las cadenas que llevan comida y agua a millones de personas. Porque cuando la seguridad alimentaria colapsa, las crisis humanitarias no esperan a que termine la guerra.