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“Necesito comprender”: Gisèle Pelicot planea visitar a su violador en prisión

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La mujer que pudo haber permanecido en el anonimato y eligió la luz, la que pudo haber llorado en silencio y decidió gritar frente al mundo, tiene todavía una cuenta pendiente. Gisèle Pelicot, la septuagenaria francesa convertida en emblema global de la lucha contra la violencia sexual, ha revelado que planea visitar en prisión a su exmarido, Dominique Pelicot, condenado a 20 años de cárcel por drogarla durante una década y ofrecerla a medio centenar de hombres para que la violaran.

"Tengo preguntas pendientes: ¿por qué nos ha hecho sufrir todo esto? ¿Por qué nos ha traicionado hasta ese punto?" , declaró en una entrevista con France 2 con motivo de la publicación de su libro ’Et la joie de vivre' (’Un himno a la vida', en su edición española), que ve la luz este martes.

El proceso de reconstrucción: entender para sanar
Gisèle, de 73 años, asegura que verse con Dominique Pelicot es uno de los puntos que aún debe cerrar para "seguir con su proceso de reconstrucción" . No busca olvidar —sabe que es imposible—, sino comprender:

"Intento que las heridas cicatricen, pero a mi manera. Tengo aún necesidad de comprender" .

Por qué el juicio fue a puerta abierta: "habría sido un regalo para ellos"
Su decisión de que el proceso judicial se celebrara a puerta abierta marcó un antes y un después en la percepción social de las violencias sexuales. En la entrevista, explica su razonamiento:

"Si hubiera sido a puerta cerrada, habría sido un regalo para los 50 individuos que fueron juzgados y condenados" .

Convertir su dolor en espectáculo público no fue un acto de exhibicionismo, sino de justicia y dignidad: la vergüenza debía cambiar de bando.

El horror en casa: las fotos de su hija y sus nueras
Gisèle también revela una de las heridas más profundas: las imágenes que Dominique Pelicot almacenaba en su ordenador de su hija Caroline, dormida y sin consentimiento, así como de sus dos nueras.

"Son fotos asquerosas, insoportables de ver. Para Caroline, hay una duda que la condena a un infierno perpetuo".

Un dolor que trasciende lo personal y se convierte en un clamor de madre: "Hace falta que ella lleve ese combate como mujer" .

Un símbolo que no descansa
Gisèle Pelicot no pidió ser un ícono feminista. Pero al negarse a ser una víctima anónima, al exponer su rostro y su historia, le devolvió la dignidad a miles de mujeres que sufren en silencio. Ahora, en su libro y en sus palabras, demuestra que la reconstrucción no es lineal, que las preguntas pueden persistir incluso cuando la justicia ya habló.

Conclusión: la pregunta que aún no tiene respuesta
Veinte años de condena para Dominique Pelicot no han borrado la pregunta que late en el pecho de Gisèle: ¿por qué? Quizás nunca haya una respuesta satisfactoria. Pero ella, fiel a su estilo, irá a buscarla cara a cara. Porque si algo ha demostrado esta mujer es que no le tiembla la mirada. Ni ante el horror, ni ante el verdugo.