El secretario de Estado y el director de la CIA se reunieron el martes con el Grupo de los Ocho para informar sobre la política hacia Irán. Algunos legisladores clave fueron avisados cuando los bombardeos ya estaban en marcha. La operación militar, coordinada con Israel, no contó con la aprobación del Congreso, que según la Constitución tiene la facultad de declarar la guerra.
Washington — La maquinaria militar de Estados Unidos se puso en marcha contra Irán con la forma de un aviso, no de un debate. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el director de la CIA, John Ratcliffe, mantuvieron el martes una reunión con el llamado Grupo de los Ocho —que reúne a los líderes republicanos y demócratas de ambas cámaras— para detallar la política de la Administración Trump hacia Teherán. Pero la comunicación sobre el ataque inminente fue selectiva y, en muchos casos, llegó cuando los misiles ya habían despegado.
Según fuentes familiarizadas con el asunto consultadas por la CNN, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, el líder de la mayoría del Senado, John Thune, y el vicepresidente de Inteligencia del Senado, el demócrata Mark Warner, habrían sido informados con antelación. Sin embargo, la cadena NBC añade que otros legisladores clave recibieron la notificación una vez los bombardeos estaban en curso.
El poder de declarar la guerra, en el aire
La operación militar ordenada por Donald Trump en coordinación con Israel no fue sometida a la aprobación del Congreso, que según la Constitución estadounidense ostenta la facultad exclusiva de declarar la guerra a otra nación. Una decisión que, aunque respaldada por la práctica ejecutiva en conflictos recientes, reabre el debate sobre los límites del poder presidencial en materia bélica.
El anuncio de Trump, hecho esta madrugada, no dejó lugar a dudas sobre la ambición del ataque: no se trata de una acción limitada, sino de una operación de gran escala que, en palabras del mandatario, busca acabar con el régimen iraní. Un objetivo que trasciende con creces la justificación inicial de neutralizar el programa nuclear y que sitúa a Estados Unidos en una senda de confrontación existencial con Teherán.
Negociaciones simultáneas
La paradoja de la ofensiva es que se produce mientras el Gobierno de Trump mantenía conversaciones para un pacto nuclear con Irán. Hasta el viernes, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, mediador en las negociaciones, declaraba que un acuerdo entre Washington y Teherán estaba "al alcance de la mano". Horas después, los misiles estadounidenses e israelíes surcaban el cielo iraní.
La pregunta que ahora resuena en los pasillos del Capitolio es si la notificación selectiva a algunos legisladores cumple con el espíritu de supervisión del Congreso o si, por el contrario, el poder legislativo ha sido una vez más relegado a un papel de espectador mientras el ejecutivo decide sobre la guerra y la paz. La respuesta, como los bombardeos, aún está en el aire.