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Madonna, Jane Fonda y Pedro Pascal exigen el cierre inmediato de centro de detención de ICE tras denuncias de abusos contra niños

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Una coalición de estrellas de Hollywood, figuras políticas y organizaciones promigrantes ha lanzado un ultimátum ético al gobierno de Estados Unidos: cierren ya el Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley, en Texas, o se conviertan en cómplices de lo que califican como “condiciones inhumanas” infligidas a familias y menores.

La presión alcanzó este martes un nuevo nivel con la publicación de una carta abierta dirigida al presidente Donald Trump, al director de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Todd Lyons, a la exsecretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem, y a CoreCivic, la empresa privada que opera el centro por encargo del gobierno. El mensaje es contundente: “Ningún niño debería estar encerrado en un centro de detención de inmigración”.

Un niño de cinco años llamado Liam

El centro de Dilley saltó a los titulares a principios de año cuando Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años, fue enviado allí tras ser detenido durante las redadas migratorias ordenadas por la Administración Trump en Minneapolis. Su caso se convirtió en el símbolo de una política que, según los firmantes, ha cruzado todas las líneas rojas.

La carta describe un patrón de abusos que, de confirmarse, dibuja un escenario escalofriante: negativa a proporcionar agua potable, comida en mal estado contaminada con gusanos, desatención médica peligrosa, privación del sueño, denegación de asistencia legal, separación de niños de sus familias y represalias contra quienes protestan por estas condiciones.

“Los niños deben estar en colegios y en parques infantiles, no en centros de detención”, sentencia el texto, que ha reunido más de 15,800 firmas ciudadanas y el respaldo de algunas de las voces más influyentes de la cultura y la política estadounidense.

Las firmas que pesan

Entre los firmantes figuran nombres que trascienden el espectáculo para convertirse en referentes del activismo social: Jane Fonda, Pedro Pascal, Diego Luna, el cineasta Alejandro González Iñárritu, Keke Palmer, Madonna, Mark Ruffalo, Maggie Gyllenhaal, Susan Sarandon, John Cusack y Michelle Williams, entre muchos otros.

Un impulso especialmente significativo ha llegado de Rachel Accurso, conocida mundialmente como Ms. Rachel, la popular educadora infantil que a principios de este mes visitó a niños detenidos y prometió no descansar hasta lograr el cierre de Dilley. “Todos los niños, en cualquier lugar, merecen sentirse seguros, recibir cuidados y ser tratados con dignidad”, declaró Accurso. “Este no es el tipo de sociedad que queremos ser”.

La tormenta política de fondo

La campaña por el cierre de Dilley no es un hecho aislado. Se inscribe en una oleada de movilización ciudadana que ha sacudido a Estados Unidos en las últimas semanas. El pasado fin de semana, hasta nueve millones de personas salieron a las calles en todo el país bajo el lema “No Kings”, en una de las jornadas de protesta más masivas contra la Administración Trump.

El centro de Dilley, operado por CoreCivic bajo contrato con ICE, se ha convertido en el epicentro de una controversia que enfrenta a defensores de derechos humanos con las políticas de control migratorio del gobierno. La carta abierta no solo exige el cierre inmediato, sino también “transparencia, rendición de cuentas y reformas sistémicas para impedir que estos abusos se produzcan en cualquier lugar de Estados Unidos”.

La respuesta que no llega

Hasta el momento, ni la Casa Blanca ni ICE ni CoreCivic han emitido una respuesta oficial a la carta abierta. Pero los firmantes han dejado claro que no se trata de una petición simbólica. “Nuestro compromiso no termina con el cierre”, advierte el texto. “Exigimos que los niños y las familias sean devueltos a los hogares y comunidades de las que fueron arrancados”.

Mientras las firmas siguen acumulándose y las voces de Hollywood amplifican el mensaje, Dilley permanece abierto. Pero la presión crece, y con ella la certeza de que este capítulo en la política migratoria estadounidense está lejos de cerrarse. La pregunta, por ahora, es si la voluntad popular logrará lo que los tribunales y las denuncias aún no han conseguido: que ningún niño vuelva a ser encerrado en nombre de la seguridad nacional.