Miles de jóvenes marcharon este martes en Antananarivo para exigir la dimisión del presidente Andry Rajoelina, tras varios días de protestas desencadenadas por la escasez crónica de electricidad y agua.
La tensión aumentó después de que el mandatario destituyera al primer ministro Christian Ntsay y a su gobierno el lunes, sin dar señales de que renunciará pese a la presión creciente en las calles.
Según la ONU, al menos 22 personas han muerto y más de 100 han resultado heridas por la “respuesta violenta” de las fuerzas de seguridad. Las autoridades malgaches disputan estas cifras pero no han ofrecido datos propios.
Un toque de queda nocturno rige en la capital y otras ciudades, mientras los manifestantes, inspirados en símbolos de movimientos juveniles globales, denuncian la pobreza urbana y el deterioro de los servicios. Madagascar, con 31 millones de habitantes, ha visto cómo el malestar social se concentra ahora en Rajoelina, reelegido en una votación disputada en 2023.