El flujo de migrantes que abandonan Ceuta para regresar a Marruecos ha disminuido notablemente este domingo, después de que decenas de miles cruzaran en sentido contrario en los días anteriores, en su mayoría a nado a través del espigón fronterizo. La crisis, que estalló el pasado jueves, mantiene aún a grupos de rezagados en la ciudad autónoma, mientras las autoridades españolas refuerzan las medidas de contención y la cifra de fallecidos sigue siendo objeto de disputa.
Cifras: entre 71 y más de 100 muertos
El balance de víctimas mortales varía según la fuente. Mientras fuentes policiales consultadas por EFE elevan a 71 los fallecidos desde el inicio de la crisis —cifra que aún es provisional—, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) sitúa el número en más de un centenar, en su mayoría por ahogamiento. Esta disparidad refleja la magnitud de una tragedia que, en cualquier caso, convierte el cruce masivo en el episodio más letal registrado en una frontera española.
La frontera, tranquila; los rezagados, visibles
La mañana de este domingo amaneció con una calma tensa en el paso fronterizo del Tarajal, donde apenas se produjeron pequeños intentos de entrada —controlados por militares— y donde los retornos voluntarios han disminuido drásticamente. Las estimaciones totales siguen siendo aproximadas: la AUGC habla de cerca de 60.000 entradas irregulares y unos 48.000 retornos ya materializados; fuentes policiales, en cambio, elevan la cifra de salidas a 73.500 desde el jueves.
En las calles de Ceuta, especialmente en las zonas periféricas, aún permanecen pequeños grupos de migrantes —de entre tres y cinco personas— que se niegan a regresar voluntariamente a Marruecos. Efectivos del Ejército de Tierra y de la Policía Local les comunican que no serán regularizados y que la única vía es su deportación. Las organizaciones humanitarias señalan que estos migrantes, que duermen a la intemperie, solicitan principalmente alimentos.
Barreras de contención y medidas defensivas
El Ministerio del Interior instaló este sábado un dispositivo de contención en el espigón que incluye una barrera neumática de 500 metros de longitud, con una altura superficial de entre 30 y 70 centímetros y una parte sumergida de hasta un metro, combinada con una línea de boyas fondeadas proporcionadas por la Armada española. La medida busca disuadir nuevos intentos de entrada masiva y dar cumplimiento a las exigencias judiciales.
Un balance provisional pero devastador
La AUGC ha calificado la crisis como "la mayor" en la historia de Ceuta y ha alertado de que se han perdido más de cien vidas. Aunque las cifras oficiales no están consolidadas, la magnitud del fenómeno —con una ciudad de 84.000 habitantes que ha visto entrar a más de 50.000 personas— evidencia la gravedad de una situación que el Gobierno de Pedro Sánchez ha calificado como "violación de la integridad territorial" y que ha movilizado a la Unión Europea en busca de una respuesta coordinada. Mientras los retornos voluntarios se agotan, el foco se desplaza ahora hacia los que aún permanecen y hacia las medidas que ambos países adoptarán para evitar que la crisis se reproduzca.