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La UEFA amenaza con boicotear los Mundiales de la FIFA

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El fútbol europeo ha declarado la guerra abierta al plan de la FIFA de abrir sus competiciones a la inversión privada. La UEFA, reunida este jueves en una asamblea de emergencia con sus 55 federaciones miembro, ha aprobado por unanimidad el boicot a los futuros Mundiales masculinos y femeninos mientras el organismo global mantenga su propuesta de crear una filial comercial que permita la entrada de inversores en la joya de la corona del fútbol.

En un comunicado sin precedentes, la UEFA dejó claro que "el Mundial no puede tratarse como un producto de inversión", y advirtió que ninguna de sus selecciones nacionales participará en ninguna competición de la FIFA "mientras estas propuestas sigan vigentes", a menos que el organismo presidido por Gianni Infantino abandone el plan por completo y ofrezca garantías vinculantes de que nunca volverá a abrir su gobernanza ni sus torneos a la propiedad privada.

El movimiento de la UEFA, que califica de "ultimátum" la oferta de la FIFA a las 211 asociaciones miembro —que recibirían 53 millones de dólares si aceptan el plan o 10 millones si lo rechazan—, supone el mayor desafío institucional al poder de la FIFA desde la fundación del organismo europeo. Las federaciones nacionales, según el comunicado, "se enfrentan ahora a una decisión: aceptar mantener una de las mayores competiciones del fútbol o afrontar las consecuencias".

Los boicots no son nuevos en la historia del Mundial. Inglaterra rechazó participar en las tres primeras ediciones (1930, 1934 y 1938), los países africanos boicotearon la fase de clasificación para el torneo de 1966 en protesta por el reparto de plazas, y la Unión Soviética renunció a la posibilidad de acceder al Mundial de 1974 al negarse a disputar un partido contra la Chile de Augusto Pinochet. Sin embargo, nunca antes la amenaza había partido de la propia UEFA y de sus 55 federaciones, que representan a la inmensa mayoría de la élite futbolística mundial.

La decisión, que podría descarrilar la celebración de los próximos Mundiales y abrir una crisis institucional sin precedentes, deja el balón en el tejado de la FIFA, que deberá decidir si rectifica o se enfrenta a una escisión histórica en el fútbol global.