Bruselas.– La Unión Europea ha celebrado en los últimos años una aparente victoria: las llegadas de inmigrantes irregulares se redujeron en más de una cuarta parte (26%) en 2025. Los acuerdos con países africanos como Túnez, Egipto, Marruecos, Senegal y Mauritania, junto con el endurecimiento del Pacto de Asilo y Migración, parecían estar funcionando. Pero un informe del Centro Internacional para el Desarrollo de Políticas Migratorias (ICMPD), obtenido por Euronews, revela una verdad incómoda: las políticas europeas no han frenado la movilidad, solo la han desviado. Y 2026 podría traer nuevas rutas hacia Europa, más peligrosas e impredecibles.
"Los patrones recientes muestran que la intensificación de los controles no reduce necesariamente la movilidad global, sino que redirige el movimiento hacia rutas alternativas, a menudo más largas y arriesgadas", advierte el informe. Es decir, las fronteras se cierran por un lado, pero se abren por otro. La migración, como el agua, encuentra su cauce.
El engañoso éxito de las cifras: menos llegadas, pero no menos migrantes
La agencia fronteriza Frontex celebra que los cruces irregulares cayeron un 26% en 2025. El descenso más acusado se produjo en la ruta de África Occidental, gracias a los acuerdos con Marruecos, Senegal y Mauritania. Sin embargo, el ICMPD señala que la ruta a las Islas Canarias simplemente se ha desviado: ahora las salidas se producen desde Gambia o Guinea, lo que alarga la travesía marítima y la hace más mortal.
Mientras tanto, otras rutas se mantienen activas o incluso se intensifican. El corredor que conecta el este de Libia con la isla de Creta (ruta del Mediterráneo oriental) se triplicó en 2025. La migración no desaparece; se reorganiza.
El factor olvidado: las causas profundas no se resuelven con controles
El informe del ICMPD es implacable: los acuerdos de la UE con países africanos abordan los síntomas, no las causas. Los factores estructurales que impulsan la migración —conflictos prolongados, inseguridad, crecimiento demográfico explosivo, falta de empleo, crisis climática y los drásticos recortes de ayuda humanitaria por parte de Estados Unidos y Europa— siguen intactos.
"El aumento de los controles fronterizos reconfigura la movilidad, pero no aborda los factores estructurales", subraya el documento. Mientras las condiciones de vida en el Sahel, el Cuerno de África y otras regiones sigan siendo insostenibles, la gente seguirá moviéndose. Las vallas no detienen la desesperación.
El riesgo de 2026: nuevos flujos hacia Europa, impulsados por la guerra en Oriente Medio
El informe añade una variable que enciende todas las alarmas: la inestabilidad en Oriente Medio. La guerra entre Israel e Irán, el cierre del estrecho de Ormuz y la crisis energética global están afectando también a los países del Golfo, tradicionales destinos de migrantes africanos.
"El impacto de estas escaladas no puede evaluarse en el momento de redactar este documento; sin embargo, no puede descartarse que los migrantes procedentes de África que se dirigen a los países del Golfo deseen buscar destinos alternativos en 2026, incluida Europa", señala el ICMPD.
Los datos ya muestran un cambio de tendencia: las salidas desde el África subsahariana hacia los países del Golfo aumentaron un 34% entre 2024 y 2025. Si esos flujos se redirigen hacia el Mediterráneo, Europa podría enfrentar una nueva oleada migratoria en los próximos meses.
La paradoja europea: más acuerdos, más desvíos, más muertes
La UE ha invertido miles de millones en externalizar sus fronteras. Ha firmado acuerdos con países africanos a cambio de ayuda financiera y proyectos de desarrollo. Ha endurecido las normas de asilo. Pero el resultado, según el ICMPD, es un sistema que empuja a los migrantes a rutas cada vez más peligrosas, controladas por traficantes más sofisticados.
El informe no es una condena a las políticas migratorias, sino una llamada a la realidad: los números de llegadas pueden bajar temporalmente, pero la movilidad humana no se detiene con leyes ni con vallas. Mientras las causas profundas persistan, los flujos migratorios se adaptarán, se desviarán y, en algún momento, volverán a golpear las puertas de Europa. Y 2026, con su cóctel de guerras, crisis climática y recortes humanitarios, podría ser el año en que el espejismo de las fronteras cerradas se desvanezca por completo. La pregunta no es si habrá migración, sino por dónde vendrá. Y cuántos morirán en el intento.