Nueva Delhi.– Mientras el estrecho de Ormuz permanece bloqueado y los precios de los alimentos se disparan en los mercados globales, India ha lanzado un mensaje de tranquilidad a sus 1.400 millones de habitantes. El gobierno aseguró este lunes que cuenta con suficientes reservas de trigo y arroz para hacer frente a "cualquier emergencia", en un intento por contener el pánico ante la posible escasez de fertilizantes derivada del conflicto en Irán.
"Disponemos de aproximadamente 22,2 millones de toneladas métricas de trigo y 38 millones de toneladas métricas de arroz. Esto es más que suficiente para cubrir las necesidades del Sistema Público de Distribución (PDS), así como cualquier necesidad de emergencia", declaró C. Shikha, secretaria adjunta del Departamento de Alimentación y Distribución Pública de India.
Las cifras son contundentes: las reservas triplican los mínimos legales que el gobierno debe almacenar. En teoría, hay grano para alimentar a la población vulnerable durante meses. Pero la sombra de la crisis no está en los silos actuales, sino en los campos que se sembrarán mañana.
El talón de Aquiles: fertilizantes atrapados en Ormuz
El problema no es el grano almacenado, sino el que aún no ha crecido. India es el segundo mayor consumidor de fertilizantes del mundo, y el 40% de sus importaciones de urea —un compuesto esencial para la agricultura— llegan a través del estrecho de Ormuz. Con el bloqueo iraní, esa arteria se ha cerrado para los buques de países no aliados de Teherán.
El gobierno indio ha reaccionado con rapidez. A principios de marzo, facilitó acuerdos internacionales para importar 8,6 millones de toneladas de fertilizantes desde "países ricos en recursos" como Arabia Saudí, Rusia y Marruecos. Este sábado, la compañía estatal Indian Potash Ltd. anunció una licitación para adquirir 2,5 millones de toneladas adicionales de urea.
Pero los analistas advierten que diversificar proveedores no es suficiente si las rutas marítimas alternativas son más largas y costosas. El temor no es solo a la escasez, sino al encarecimiento: si los fertilizantes suben de precio, los agricultores indios —muchos de ellos pequeños propietarios con márgenes ajustados— podrían reducir la superficie sembrada o cambiar a cultivos menos productivos. El resultado, a finales de año, podría ser una cosecha menor y, paradójicamente, escasez de alimentos a pesar de los silos llenos hoy.
El fantasma del gas: otra crisis que ya golpea
Mientras los responsables políticos discuten sobre fertilizantes, en las calles de India la crisis energética ya es una realidad. La escasez nacional de gas licuado de petróleo (GLP), provocada por el mismo bloqueo de Ormuz, ha generado largas filas para conseguir bombonas y ha obligado a millones de familias a cocinar con leña. Comercios y hoteles han visto interrumpido su suministro, y la economía informal —la que mueve el país— empieza a resentirse.
El gobierno insiste en que el aceite comestible no escasea y que las importaciones desde Indonesia, Malasia, Rusia, Ucrania, Argentina y Brasil continúan sin interrupciones. Pero la percepción de crisis cala hondo en una población que recuerda los apagones y las colas de la pandemia.
Un mensaje de calma en medio de la tormenta
La secretaria adjunta Shikha fue clara: las reservas de trigo y arroz son "tres veces mayores a las reservas mínimas" exigidas por ley, y seguirán garantizando el acceso a alimentos para "la población vulnerable". El gobierno indio quiere evitar el pánico, pero también sabe que la guerra en Irán no muestra señales de terminar.
India, como otros grandes importadores de energía y fertilizantes, está atrapada en una tormenta perfecta: una guerra que cierra rutas marítimas, unos precios que se disparan y una población que exige respuestas. Por ahora, los silos están llenos. Pero la pregunta que nadie se atreve a responder es: ¿por cuánto tiempo más?