Suzuka, el templo sagrado de la velocidad, fue testigo este domingo de un acontecimiento que quedará grabado para siempre en los anales del automovilismo. Andrea Kimi Antonelli, el jovencísimo italiano de 19 años que aún no ha soplado las veinte velas (lo hará el 25 de agosto), no solo ganó el Gran Premio de Japón, sino que arrebató un récord que parecía inmortal: el de líder más precoz de la historia del Mundial de Fórmula Uno.
Con una mezcla de talento descomunal, frialdad quirúrgica y ese punto de fortuna que solo acompañan a los elegidos, el boloñés se impuso en el mítico circuito nipón por delante del australiano Oscar Piastri (McLaren) y del monegasco Charles Leclerc (Ferrari). La victoria, la segunda consecutiva tras su triunfo en China hace dos semanas, le sitúa al frente de la clasificación general con 72 puntos, nueve más que su compañero George Russell y 23 sobre Leclerc. Y todo ello con una autoridad que desmiente su corta edad.
El récord de Vettel, pulverizado
El nombre de Sebastian Vettel, cuádruple campeón con Red Bull y hasta ahora poseedor del honor de ser el líder más joven (21 años y cinco meses), ha pasado a un segundo plano. Antonelli, con 19 años recién cumplidos, ha mejorado esa marca con una actuación que tiene algo de cuento de hadas. En Shanghái ya se había convertido en el poleman más joven de todos los tiempos y en el segundo ganador más precoz, solo superado por Max Verstappen. Ahora, al encabezar el Mundial, completa un hat-trick de precocidad que lo proyecta como el nuevo fenómeno generacional.
Una salida en falso, un golpe de suerte y una gestión de campeón
El camino hacia la gloria no fue un paseo triunfal. Antonelli sufrió un mal inicio que le hizo caer cinco posiciones en los primeros metros. Mientras Piastri tomaba el liderato y Leclerc y Norris se beneficiaban del tropiezo, el joven de Mercedes tuvo que recomponerse. Su remontada fue paciente, inteligente. Y luego llegó el momento clave: un accidente entre Franco Colapinto y Oliver Bearman en la curva Spoon que obligó a desplegar el coche de seguridad en el momento justo para que Antonelli pudiera hacer su parada sin perder tiempo. La suerte, sí, pero también la capacidad de estar ahí para aprovecharla.
Desde la reanudación, con el liderato en sus manos, el italiano desplegó una madurez impropia de su edad. Gestionó los neumáticos, controló a Piastri y cruzó la meta como el nuevo número uno del campeonato. George Russell, que había sido segundo en gran parte de la carrera, terminó cuarto, víctima de la mala fortuna al ver cómo el coche de seguridad aparecía justo después de su paso por boxes.
El pulso Ferrari: Leclerc gana la batalla interna, Hamilton cede
La Scuderia vivió su propio duelo particular. Lewis Hamilton, séptuple campeón, había firmado su primer podio con el rojo en Shanghái, pero en Suzuka tuvo que ceder ante la pujanza de Leclerc. El monegasco, tercero al final, superó a su ilustre compañero en la vuelta 42 y consolidó su posición en el podio, mientras Russell intentaba sin éxito arrebatarle el tercer escalón. Una batalla interna que, en cualquier caso, deja sensaciones positivas para los de Maranello, aunque sin alcanzar la velocidad punta de las Flechas de Plata.
Sainz, Alonso y la otra cara de la moneda
El GP de Japón no dejó buenas noticias para los pilotos españoles. Carlos Sainz (Williams), que partía decimosexto, finalizó decimoquinto, un resultado discreto que no refleja las expectativas del madrileño. Peor fue el panorama para Fernando Alonso (Aston Martin). El asturiano, que salía desde el vigésimo primer puesto, logró al menos ver la bandera a cuadros por primera vez en la temporada, aunque lo hizo en decimoctava posición. “Un ritmo muy pobre, que en carrera no ha mejorado”, resumió el bicampeón. Su compañero, Lance Stroll, abandonó por un problema hidráulico.
En el apartado hispanohablante, Franco Colapinto (Alpine) concluyó decimosexto, una plaza por delante del mexicano Sergio Pérez, que firmó un discreto decimoséptimo puesto.
Verstappen, sin respuestas en su feudo
Si alguien encarna la frustración en este arranque de temporada es Max Verstappen. El cuádruple campeón, dueño de Suzuka en los últimos cuatro años (siempre desde la pole), firmó su peor resultado en el trazado nipón: octavo. Eliminado en la Q2, arrancó undécimo y nunca encontró el ritmo para escalar posiciones. Su nueva era con Red Bull comienza con más sombras que luces, mientras su joven compañero Isack Hadjar y el debutante Arvid Lindblad (Racing Bulls) sí alcanzaron la Q3.
Un parón forzado por la guerra y el futuro inmediato
La cuarta y quinta pruebas del calendario, previstas en Baréin y Arabia Saudí, han sido suspendidas debido al conflicto bélico en Oriente Próximo tras el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán. El Mundial vivirá así un parón de casi un mes hasta el Gran Premio de Miami, el primer fin de semana de mayo. Un respiro que permitirá a las escuderías trabajar en sus desarrollos, pero que también prolonga el dulce momento de Antonelli: el italiano liderará la clasificación al menos hasta que los motores vuelvan a rugir en Florida.
El dilema italiano: ¿ferrarista o patriota?
Mientras tanto, Italia vive un dilema inédito. Históricamente volcada con la Scuderia Ferrari, la afición transalpina se encuentra ahora ante un compatriota que viste de plata y que está haciendo historia a bordo de un Mercedes. ¿Seguir fieles al Cavallino Rampante o rendirse al encanto del joven prodigio que ya es el líder más precoz de todos los tiempos? Tendrán semanas para decidirlo. Pero lo que ya es indiscutible es que Kimi Antonelli ha llegado para cambiar el rumbo de la Fórmula Uno.