Beirut/Teherán.– La frágil esperanza de paz en Oriente Medio duró apenas unas horas. Este miércoles, cuando aún resonaban los anuncios de un alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos, Israel e Irán, la aviación israelí lanzó la andanada más mortífera contra el corazón de Beirut desde el inicio de la guerra. Sin previo aviso, en pleno día y sobre zonas densamente pobladas, los bombardeos dejaron al menos 112 muertos y cientos de heridos, según el Ministerio de Salud libanés. Las ambulancias corrían entre cuerpos calcinados y edificios reducidos a escombros en una de las intersecciones más concurridas de la capital.
El presidente estadounidense, Donald Trump, intentó desligarse: “Eso es una escaramuza separada”, dijo a PBS News Hour, al justificar que el acuerdo con Irán no incluía a Líbano debido a la presencia de Hezbolá. Pero para los libaneses que veían cómo el humo negro cubría el malecón de Beirut, la distinción fue un sarcasmo macabro. Israel, por su parte, calificó la operación como el mayor ataque coordinado de la guerra actual: más de 100 objetivos de Hezbolá alcanzados en 10 minutos, en Beirut, el sur del Líbano y el valle de la Bekaa.
“Un punto de inflexión muy peligroso”
La ministra de Asuntos Sociales de Líbano, Haneed Sayed, condenó los ataques como un “punto de inflexión muy peligroso”. “Estos ataques ahora están en el corazón de Beirut… La mitad de los refugiados están en Beirut en esta zona”, declaró a The Associated Press. El primer ministro Nawaf Salam acusó a Israel de escalar justo cuando se negociaba una solución, con “total desprecio por el derecho internacional”. El presidente Joseph Aoun calificó los bombardeos de “bárbaros”.
Los rescatistas utilizaban montacargas para retirar escombros humeantes en la zona de Corniche al Mazraa, donde yacían cuerpos calcinados dentro de vehículos. Un edificio de apartamentos detrás de una tienda de nueces y frutos secos fue alcanzado. Vecinos y funcionarios locales negaron que hubiera objetivos militares. “Miren estos crímenes”, exclamó Mohammed Balouza, miembro del concejo municipal de Beirut.
Hezbolá: “No aceptaremos el statu quo anterior”
Un funcionario de Hezbolá declaró a la AP que el grupo estaba dando una oportunidad a los mediadores, pero que “no hemos anunciado nuestra adhesión al alto el fuego ya que los israelíes no lo están cumpliendo”. Advirtió que no aceptarán un regreso a la situación previa al 2 de marzo, cuando Israel realizaba ataques casi diarios pese a una tregua nominal. “No queremos que continúe esta fase”, sentenció.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, advirtió al líder de Hezbolá, Naim Kassem: “Su turno llegará”. Katz comparó los ataques de este miércoles con la operación de los bípers que en septiembre de 2024 mató a cientos de miembros de la milicia. El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, justificó los bombardeos como necesarios para proteger a los residentes del norte de Israel.
La respuesta iraní: cerrar el grifo de Ormuz
En paralelo, Teherán anunció que volverá a detener el movimiento de petroleros en el estrecho de Ormuz, según la prensa estatal. La decisión, una represalia directa por los ataques a su aliado libanés, amenaza con disparar de nuevo los precios del crudo a nivel global. El estrecho, por donde transita el 20% del petróleo mundial, se convierte una vez más en el ariete energético de Irán.
La fugaz sensación de alivio que había invadido a los desplazados libaneses tras el anuncio del alto el fuego se desvaneció en humo. Muchos que empacaban sus pertenencias para regresar a sus hogares en el sur se detuvieron en seco. “No podemos más con esto: dormir en una tienda, no bañarnos, la incertidumbre”, dijo Fadi Zaydan, de 35 años, mientras decidía esperar en Sidón. “Pero si volvemos a casa seremos un objetivo”, lamentó.
Un conflicto sin reglas, una población atrapada
Con más de 1.530 muertos en Líbano desde el inicio de la guerra —incluidos más de 100 mujeres y 130 niños— y más de un millón de desplazados, los bombardeos de este miércoles en el centro de Beirut marcan una nueva escalada. Israel dice que ha matado a cientos de combatientes de Hezbolá, pero los cadáveres que yacen en las calles de Corniche al Mazraa son, en su mayoría, civiles.
El mundo observa con impotencia cómo las promesas de tregua se desmoronan bajo el peso de las agendas locales. Pakistán, el mediador que aseguraba que el alto el fuego incluía a Líbano, quedó en evidencia. Trump habla de “escaramuzas separadas” mientras los edificios se derrumban. Irán cierra Ormuz. E Israel sigue bombardeando. Y en medio, una población que ya no sabe si la palabra “paz” es una ironía o una broma macabra. La guerra, lejos de terminar, se ha recrudecido. Y el petróleo, como siempre, tiembla.