En un escenario de tensiones elevadas y con el riesgo de una confrontación militar como telón de fondo, funcionarios de Irán y Estados Unidos se reúnen este viernes en Mascate, Omán, para retomar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Este encuentro, el primero desde junio —cuando Washington atacó instalaciones nucleares iranías en apoyo a Israel—, busca destrabar una crisis que mantiene en vilo a la región.
Un diálogo en medio de señales de fuerza y desconfianza
La delegación estadounidense, encabezada por el enviado presidencial Steve Witkoff, llega a la mesa con una postura firme respaldada por un importante despliegue militar en la región, incluido el portaaviones USS Abraham Lincoln.
“Están negociando. No quieren que les golpeemos, tenemos una gran flota yendo hacia allí”, declaró el presidente Donald Trump, quien no ha descartado una intervención militar.
Por su parte, el canciller iraní Abbas Araghchi afirmó que su país acude con la “plena disposición a defender la soberanía y la seguridad nacional”, pero también con voluntad de “utilizar la diplomacia para garantizar los intereses nacionales”.
Agendas en choque: ¿solo lo nuclear o todos los temas?
El alcance de las conversaciones está en disputa desde el inicio:
- Irán insiste en que solo se abordará su programa nuclear.
- Estados Unidos, según el secretario de Estado Marco Rubio, exige incluir también el programa de misiles balísticos, el apoyo a grupos armados regionales y la represión interna tras las protestas que dejaron miles de muertos.
Contexto crítico: protestas, represión y tensión regional
Las negociaciones se desarrollan un mes después de las masivas protestas en Irán—sofocadas con una dura represión— y en medio de incidentes militares en el Golfo, como el derribo de un dron iraní cerca del portaaviones estadounidense.
Los países del Golfo observan con aprensión, temiendo que un posible ataque estadounidense desencadene una guerra regional más amplia.
Omán, el mediador silencioso
El sultanato de Omán, con tradición de puente diplomático entre Occidente e Irán, vuelve a ofrecer sus buenos oficios en un momento donde el diálogo parece la única alternativa a una escalada militar de consecuencias impredecibles.
Conclusión: un frágil intento por evitar la guerra
Esta reunión representa un respiro diplomático en un conflicto que ha ido escalando durante meses, pero también evidencia la profunda brecha de confianza y objetivos entre Washington y Teherán. El mundo observa si, en medio de las amenazas y el despliegue de fuerzas, la diplomacia puede aún abrir una senda hacia la desescalada.