Teherán/Beirut.– La frágil tregua de dos semanas acordada entre Estados Unidos e Irán se desmoronó en la práctica este miércoles, cuando Teherán anunció la interrupción total del tráfico de buques petroleros a través del estrecho de Ormuz, en respuesta a los intensos bombardeos israelíes contra el centro de Beirut que dejaron decenas de víctimas y sembraron el pánico en la capital libanesa.
"El paso de petroleros a través del estrecho de Ormuz ha sido detenido tras los ataques de Israel al Líbano", informó la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní. La decisión, que amenaza con disparar de nuevo los precios del crudo a nivel global, es un golpe directo a la economía mundial y una demostración de que Irán no está dispuesto a desvincular su conflicto con Estados Unidos de la suerte de su aliado Hezbolá en Líbano.
Israel golpea el corazón de Beirut mientras Pakistán y Washington discrepan sobre el alcance de la tregua
El miércoles por la tarde, la aviación israelí lanzó una andanada de ataques sin precedentes contra varias zonas comerciales y residenciales del centro de Beirut, horas después de que Estados Unidos e Irán anunciaran un cese al fuego de dos semanas mediado por Pakistán. El Ejército israelí calificó la operación como el mayor ataque coordinado de la guerra actual, alcanzando más de 100 objetivos de Hezbolá en solo 10 minutos, en Beirut, el sur del Líbano y el valle oriental de la Bekaa.
El humo negro se elevaba sobre la capital costera. Las ambulancias corrían hacia las llamas. Al menos un edificio de apartamentos fue alcanzado, y los equipos de rescate registraban vehículos carbonizados. Las zonas atacadas, muy concurridas en una tarde de cielo azul, quedaron sumidas en el caos. La cifra de víctimas aún no ha sido confirmada, pero decenas de personas habrían muerto o resultado heridas.
Israel justificó los bombardeos acusando a Hezbolá de utilizar a civiles como escudos humanos y de atrincherarse en zonas residenciales. "El Estado de Líbano y sus civiles deben rechazar el atrincheramiento de Hezbolá", afirmó el Ejército en un comunicado. Sin embargo, la elección de blancos en el centro de Beirut —una zona que Israel había evitado sistemáticamente desde el inicio de la guerra el 2 de marzo— representa una escalada significativa.
La confusión de los desplazados: "No podemos soportarlo más"
Las declaraciones contradictorias entre los mediadores y los beligerantes han sumido a la población libanesa en una desesperación absoluta. Mientras Pakistán aseguraba que el alto el fuego con Irán incluía también a Líbano, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, prometió que el Ejército seguiría adelante en el frente norte.
"El acuerdo no se extiende a nuestra guerra con Hezbolá", dejó claro Netanyahu. Horas antes, muchos desplazados que dormían en tiendas de campaña en el paseo marítimo de Beirut y en la ciudad costera de Sidón habían comenzado a empaquetar sus pertenencias para regresar a sus hogares, creyendo que la tregua traería la calma. Los bombardeos de la tarde los devolvieron a la realidad.
"No podemos soportarlo más, dormir en una tienda de campaña, no ducharnos, la incertidumbre", dijo Fadi Zaydan, de 35 años, quien junto a sus padres se preparaba para volver a la ciudad meridional de Nabatieh. "Pero si volvemos a casa seremos un objetivo", lamentó.
Hezbolá: "No aceptaremos el statu quo anterior"
Un funcionario de Hezbolá declaró a la AP que el grupo no ha anunciado su adhesión al alto el fuego, porque "los israelíes no se adhieren a él". Advirtió que no aceptarán un retorno a la situación anterior al 2 de marzo, cuando Israel llevaba a cabo ataques casi diarios en Líbano a pesar de un alto el fuego nominal. "No queremos que continúe esta fase", sentenció.
La guerra entre Israel y Hezbolá, desencadenada días después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán el 28 de febrero, ha dejado hasta ahora más de 1.530 muertos en Líbano —entre ellos más de 100 mujeres y 130 niños— y ha desplazado a más de un millón de personas. El Ejército israelí afirma haber matado a cientos de combatientes de Hezbolá.
Ormuz, el arma energética de Irán
Con la interrupción del tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del petróleo mundial— Irán demuestra que no está dispuesto a desarmar su principal baza geopolítica. La medida, anunciada horas después de que Trump y los líderes iraníes pactaran una tregua de dos semanas, deja en evidencia la fragilidad de cualquier acuerdo que no incluya a todos los actores de la región.
El petróleo Brent, que había caído ligeramente tras el anuncio del alto el fuego, volvió a subir este miércoles ante la perspectiva de un nuevo cierre de Ormuz. Los mercados energéticos, que ya han sufrido una volatilidad histórica desde el inicio de la guerra, se preparan para más turbulencias.
Un conflicto sin fin, una población atrapada
La guerra en Oriente Medio se ha convertido en un rompecabezas de múltiples piezas: Estados Unidos e Irán negocian por un lado, mientras Israel y Hezbolá se desgarran por otro. Pakistán intenta mediar, pero sus esfuerzos chocan con la realidad sobre el terreno. Y en medio, los civiles —en Irán, en Israel, pero sobre todo en Líbano— pagan el precio más alto.
Los bombardeos de este miércoles en el corazón de Beirut son un recordatorio brutal de que las treguas parciales no traen la paz, solo pausas selectivas. Mientras Irán cierra Ormuz y Netanyahu promete seguir adelante, los desplazados libaneses vuelven a sus tiendas de campaña sin saber si mañana podrán regresar a sus hogares o si estos ya no existirán. La guerra no tiene un final a la vista, y el estrecho de Ormuz, una vez más, se convierte en la llave que puede abrir o cerrar la economía mundial. Por ahora, está cerrada. Y el mundo contiene la respiración.