Teherán.– Los misiles no han logrado silenciar las risas de los niños. Las sirenas no han podido ahogar el sonido de las barbacoas. Y el olor a pólvora, al menos por un día, compite en las calles con el aroma a hierba recién cortada y a brotes de legumbres. Este jueves, Irán celebró el ‘Sizdah Bedar’, el Día de la Naturaleza persa, con una imagen que desafía la lógica de la guerra: familias enteras extendiendo mantas en parques y campos, jugando al bádminton, haciendo nudos en los brotes de primavera y plantando árboles, mientras los bombardeos continúan en el horizonte.
El ‘Sizdah Bedar’, que significa literalmente “trece al aire libre”, es una de las festividades más alegres y coloridas del calendario persa. Marca el final de las vacaciones del Noruz (año nuevo persa), que comenzaron el 19 de marzo, y su rito principal es precisamente ese: salir al exterior para alejar la mala suerte y los pensamientos negativos durante el año entrante. Este año, sin embargo, la mala suerte tiene nombre y apellido: una guerra abierta con Estados Unidos e Israel que ya cumple 34 días.
“Hay que seguir con la vida”
En el parque Mellat, al norte de Teherán, numerosas familias se agolparon, aunque en número algo inferior al de años anteriores. Entre ellas, Mohsen, un pintor de 38 años, explicaba a EFE mientras sus hijos correteaban: “Aprovechamos el Día de la Naturaleza para sacar a los niños al parque, para que puedan jugar un rato, pasarlo bien y relajarnos”.
Mohsen admite que los primeros días de guerra fueron duros, sobre todo para los más pequeños, que se asustaban con los bombardeos. “Pero después de más de un mes, nos hemos acostumbrado. Hay que seguir con la vida. No podemos estar encerrados en casa hasta que termine la guerra, que nadie sabe exactamente cuándo va a acabar”, afirma con una mezcla de estoicismo y resignación.
Arsalan, contable de 48 años, coincide: “No tengo miedo. He salido al parque como todos los años, para pasar un buen rato en familia en este día que es importante para cada iraní”. Y añade, con la confianza puesta en sus fuerzas armadas: “Irán vencerá”.
Brotes, nudos y deseos en tiempos de crisis
En medio de la calma aparente de los pícnics, las tradiciones se cumplen con devoción. Las familias plantan árboles como símbolo de vida y esperanza. Y realizan el ritual de atar “nudos” con los brotes de cereales y legumbres —plantas que han mantenido en sus hogares desde el primer día del año persa (21 de marzo) como símbolo de renacimiento— para pedir un deseo. Este año, los deseos probablemente tengan un sabor especial: el fin de la guerra, el regreso de los seres queridos, la paz.
Un país dividido entre la rutina y el horror
Mientras las familias iraníes extendían sus mantas en los parques, la guerra seguía su curso. Estados Unidos e Israel iniciaron su ofensiva contra la República Islámica el 28 de febrero, y los ataques diarios no han cesado. Irán ha respondido con bombardeos contra Israel y las instalaciones estadounidenses en la región, así como con el cierre del estratégico estrecho de Ormuz.
El gobierno iraní lleva semanas sin ofrecer un balance actualizado de víctimas, pero una ONG opositora con sede en Estados Unidos sitúa el número de muertos en 3,527, de ellos 1,606 civiles. Cifras que, por un día, los iraníes intentan olvidar entre juegos al aire libre y barbacoas.
El desafío silencioso de la normalidad
La celebración del ‘Sizdah Bedar’ en medio de la guerra es más que un acto de tradición. Es una declaración de resistencia civil. Es la forma que tiene una sociedad de decir que, aunque los misiles vuelen, la vida sigue. Que los niños tienen derecho a jugar, que las familias merecen reírse juntas, que la primavera —esa estación que en Persia simboliza el renacimiento— no será secuestrada por la pólvora.
Los parques de Teherán no están llenos como en años anteriores, pero están lejos de estar vacíos. Y en cada manta extendida sobre el césped, en cada brote anudado con un deseo, en cada árbol plantado, hay un mensaje silencioso pero poderoso: la guerra puede matar cuerpos, pero no ha logrado matar la costumbre de celebrar la vida.
Mientras el mundo observa con atención los movimientos militares en el Golfo Pérsico, los iraníes, por un día, han preferido mirar hacia otro lado. Hacia la hierba, hacia sus hijos, hacia ese plato de comida compartido al aire libre. Porque, como dijo Mohsen el pintor, “hay que seguir con la vida”. Y en eso, al menos por este jueves, parecen estar lográndolo.