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Irán cierra la puerta a Trump: "No negociamos bajo ultimátums”

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Teherán/Washington.– La escalada verbal entre Estados Unidos e Irán alcanzó este lunes un nuevo punto de ebullición. Mientras el reloj avanza hacia el ultimátum impuesto por Donald Trump para que Irán desbloquee el estrecho de Ormuz, Teherán respondió con una negativa rotunda a cualquier negociación bajo presión. "La negociación no es en absoluto compatible con ultimátums, crímenes o amenazas de cometer crímenes de guerra", declaró el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, en una rueda de prensa que cortó de raíz las especulaciones sobre un posible diálogo directo.

Las declaraciones de Bagaei se producen en un contexto de máxima tensión. Trump había advertido este domingo que, si Irán no reabre el estratégico paso marítimo antes de las 20:00 horas del martes (hora de Washington), desataría "el infierno" sobre la república islámica, atacando sus infraestructuras energéticas y puentes. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense había asegurado en una entrevista a Fox News que se veía "capaz de lograr un acuerdo con Teherán a tiempo". La contradicción entre la amenaza y la aparente disposición al diálogo ha sido la tónica de los últimos días.

Mediadores en la sombra: Pakistán, Egipto y Turquía mueven fichas

A espaldas de los micrófonos, sin embargo, la diplomacia no se ha detenido. Según reveló el medio estadounidense Axios, citando cuatro fuentes con conocimiento de las conversaciones, Estados Unidos e Irán están discutiendo, a través de mediadores paquistaníes, egipcios y turcos, los términos de un posible alto el fuego de 45 días que podría conducir al fin definitivo de la guerra iniciada el 28 de febrero. Los mensajes se intercambian entre el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí.

Las condiciones para el acuerdo serían dos, según las fuentes: la reapertura total del estrecho de Ormuz —bloqueado por Irán desde el inicio de la guerra— y una solución para el uranio altamente enriquecido que Irán ha acumulado, ya sea mediante su extracción del país o su dilución. Sin embargo, la posición iraní sobre el estrecho parece haberse endurecido: Teherán quiere extender su control más allá de la guerra y prepara una ley para imponer un sistema de peajes a los buques que quieran cruzar la vía marítima.

"Un alto el fuego solo para rearmarse": la desconfianza iraní

Bagaei fue especialmente duro al referirse a la propuesta de tregua. "Un alto el fuego significa una pausa para reagruparse y rearmarse con el fin de continuar el crimen", afirmó, dejando claro que Irán no aceptará una simple interrupción de los combates sin garantías sólidas. "Nuestra exigencia es el fin de la guerra impuesta, junto con garantías de que este ciclo nefasto no se repetirá", sentenció.

La postura iraní refleja una desconfianza profunda hacia Estados Unidos e Israel, a los que acusa de haber iniciado la guerra y de buscar solo un respiro para reorganizar sus fuerzas. Para Teherán, cualquier acuerdo debe incluir reparaciones económicas y seguridades de que no habrá futuros ataques.

El reloj no se detiene: ¿infierno o pacto?

A menos de 24 horas del plazo fijado por Trump, las opciones parecen reducirse a dos: o un acuerdo de última hora que evite la escalada, o la prometida oleada de ataques contra la infraestructura iraní. Los mediadores redoblan sus esfuerzos, pero las diferencias siguen siendo abismales. Estados Unidos exige la apertura inmediata de Ormuz y el desmantelamiento del programa nuclear; Irán exige el fin de la guerra y garantías de no agresión.

Mientras tanto, el estrecho permanece cerrado para los buques estadounidenses y de sus aliados, los precios del petróleo se mantienen en niveles récord y la economía global sufre las consecuencias. La comunidad internacional observa con ansiedad. Porque lo que ocurra en las próximas horas no solo definirá el futuro de la guerra, sino el de la estabilidad energética y política de todo el planeta. Trump ha prometido el infierno. Irán dice que no teme al fuego. Los mediadores confían en que la razón —o el miedo a un desastre mayor— se imponga. Pero en Oriente Medio, como en la guerra, nunca se sabe qué carta jugará cada cual cuando el reloj marque las 20:00.