El Museo del Louvre sumó este lunes un nuevo episodio a la profunda crisis que atraviesa en los últimos meses: el cierre total de sus puertas debido a una huelga indefinida del personal, en protesta por las condiciones operativas y laborales de la institución.
Unos 400 trabajadores del mayor museo del mundo votaron de forma unánime declararse en paro, lo que impidió a la dirección abrir el recinto a miles de visitantes que aguardaban en el exterior del emblemático espacio cultural parisino. El impacto económico de la huelga se estima en 400,000 euros diarios.
El museo permanece habitualmente cerrado los martes, por lo que no existe certeza de si reabrirá el miércoles, cuando el personal volverá a pronunciarse sobre la continuidad de las protestas.
Visitantes entre la frustración y la comprensión
Entre los turistas afectados, Darío Calvo, visitante procedente de Alcorcón, lamentó que tras “tres o cuatro días en París” no pudiera visitar “uno de los museos más famosos del mundo”. Su acompañante, Mara Durán, expresó su decepción y resignación ante el frío.
Otros visitantes mostraron una postura más comprensiva. Michael Gamer, turista texano, consideró que si el personal decidió ir a huelga “es porque hay algo que necesita cambiar”, en respaldo implícito a las reivindicaciones laborales.
Críticas a la gestión y a las prioridades de inversión
El malestar sindical se dirige directamente a la presidenta del museo, Laurence des Cars, a quien los trabajadores acusan de priorizar eventos mediáticos, inauguraciones y celebraciones por encima de reformas estructurales urgentes.
“Hay un problema en las prioridades de inversión”, afirmó Élise Muller, delegada sindical de Sud, al cuestionar el macroproyecto de renovación anunciado en enero por el presidente Emmanuel Macron, con un coste estimado de 500 millones de euros.
El plan contempla la construcción de una nueva entrada para aliviar la saturación de la pirámide —diseñada a finales de los años 80 para cuatro millones de visitantes anuales y que hoy recibe el doble— y la creación de una sala exclusiva para La Gioconda, principal atractivo del museo.
Infraestructura al límite y condiciones laborales en deterioro
Los sindicatos sostienen que el Louvre aceleró su apertura al turismo sin adaptar su infraestructura ni sus condiciones laborales al aumento masivo de visitantes. “Visitar el museo es ahora mismo una carrera de obstáculos”, afirmó Christian Galani, representante del sindicato CGT, quien subrayó que la prioridad debería ser “transmitir un legado a las generaciones futuras”.
El punto de quiebre, según los trabajadores, fue el robo ocurrido el 19 de octubre en la Galería Apolo, donde cuatro personas sustrajeron joyas de la corona francesa, con un valor patrimonial incalculable y una estimación económica de 88 millones de euros.
A este episodio le siguieron el cierre de la Galería Campana en noviembre, por la fragilidad de algunas vigas, y una fuga de agua que dañó cientos de documentos de la biblioteca de antigüedades egipcias.
Recortes y precarización
Además de los problemas materiales, los sindicatos denuncian la degradación de las condiciones laborales, la eliminación de 200 puestos fijos en 15 años dentro de una plantilla de 2,200 trabajadores, el aumento del uso de contratos temporales y la introducción de una tarifa más alta para visitantes procedentes de fuera de la Unión Europea.
En 2024, el museo recibió cerca de 100 millones de euros en subvenciones públicas.
Silencio de la dirección
La dirección del Louvre mantiene silencio en medio de la crisis. En declaraciones recientes, Laurence des Cars evitó contraponer las necesidades estructurales con su política de adquisiciones y exposiciones, que considera clave para mantener la relevancia internacional del museo, al tiempo que defiende una renovación integral para convertirlo en un Louvre adaptado al siglo XXI.