El presidente colombiano, Gustavo Petro, vivió este lunes su última jornada de gran exposición pública a 18 días de dejar el poder, y lo hizo con un mensaje sin concesiones: una amenaza de huelga general indefinida si el próximo Ejecutivo, encabezado por Abelardo de la Espriella, deroga sus reformas. La advertencia resonó primero en el sur de Bogotá, donde se celebró por primera vez el desfile militar del Día de la Independencia en la populosa localidad de Ciudad Bolívar, y se prolongó horas después en el Capitolio Nacional, durante su último discurso de instalación del periodo de sesiones del Congreso.
Ante miles de asistentes que coreaban «¡Petro se queda!» mientras las Fuerzas Armadas desfilaban, el mandatario aprovechó su despedida multitudinaria para defender los logros de sus cuatro años de gestión y volver a cargar contra el presidente electo, a quien acusó de haber llegado al poder gracias al respaldo del presidente estadounidense, Donald Trump, y de su secretario de Estado, Marco Rubio. "No se deja quitar una reforma por un Congreso; se va a huelga general indefinida", arengó, al tiempo que reiteró su negativa a reconocer los resultados electorales, que califica de fraudulentos, y anunció que publicará la demanda con la que pretende demostrar que el verdadero ganador fue su correligionario Iván Cepeda.
Petro insistió en que su salida de la Casa de Nariño será "transitoria", ya que tras un breve receso asumirá el liderazgo de su partido, el Pacto Histórico, que pasará a ejercer como oposición. Horas después, en el Congreso, su discurso se prolongó durante casi dos horas y estuvo marcado por un balance optimista de su administración: aseguró que Colombia cierra su Gobierno con los niveles más bajos de pobreza, desempleo y desigualdad de las últimas décadas, y destacó el crecimiento del sector agrícola por encima de la dependencia petrolera, así como la mayor incautación de cocaína de la historia, atribuyendo este éxito a una estrategia centrada en los grandes capos en lugar de la erradicación forzada.
Pero su intervención no se limitó al ámbito doméstico. Petro cuestionó con dureza la decisión del presidente electo de restablecer relaciones diplomáticas con Israel y volvió a calificar de "genocidio" la ofensiva militar israelí en Gaza. En ese contexto, dedicó un amplio fragmento a la crisis diplomática con Estados Unidos, que el año pasado lo incluyó en la lista de la OFAC y le revocó el visado en medio de acusaciones de vínculos con el narcotráfico, señalamientos que siempre ha rechazado. Para Petro, esas medidas no tienen que ver con la lucha contra las drogas, sino con su oposición frontal a Netanyahu: "Yo me sigo oponiendo a Netanyahu, así me encierren en una cárcel de Estados Unidos", sentenció el mandatario, que aseguró no temer una extradición y reveló que Trump lo llama personalmente "Goodman". Con este discurso de despedida, Petro deja el cargo como lo ejerció: en permanente combate dialéctico, tanto con sus adversarios internos como con el escenario internacional.