El presidente estadounidense propuso enviar un hospital flotante para atender a una población que, según él, "está enferma y nadie cuida". Las autoridades groenlandesas rechazaron el gesto, pero admiten que su sistema de salud atraviesa una crisis de personal y recursos. Con una esperanza de vida muy por debajo de la media europea y una geografía que aísla a sus 56.000 habitantes, el territorio autónomo danés busca profesionales extranjeros dispuestos a respetar su lengua y cultura.
Nuuk — La oferta llegó envuelta en retórica grandilocuente y fue despachada con dignidad nórdica. Cuando Donald Trump anunció el 22 de febrero en Truth Social su intención de enviar un buque hospital a Groenlandia para "ocuparse de las muchas personas que están enfermas y de las que allí no se ocupa nadie", el primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, respondió con un dato incontestable: Groenlandia tiene atención sanitaria gratuita universal, algo que Estados Unidos no puede ofrecer.
Pero el rechazo diplomático no oculta una realidad incómoda. La sanidad en la isla más grande del mundo, territorio autónomo dependiente de Dinamarca, enfrenta desafíos estructurales que la oferta de Trump, por torpe que resultara, puso involuntariamente sobre la mesa.
Manos que faltan
"Groenlandia no rechazará ninguna ayuda, ni siquiera de Estados Unidos", aclaró en Facebook Anna Wangenheim, ministra de Sanidad y Personas con Discapacidad. La condición, eso sí, es clara: los profesionales extranjeros serán bienvenidos siempre que respeten a los pacientes, la lengua y la cultura.
El matiz es importante porque, tras las palabras de Trump, el Gobierno groenlandés quiere dejar claro que el problema existe y que están dispuestos a solucionarlo con quien sea. De las aproximadamente 120 plazas médicas del país, apenas 60 están cubiertas por personal fijo. En enfermería, la situación es similar: solo 200 de las 300 plazas disponibles tienen titular.
La escasez no es nueva. Llevan años intentando atraer sanitarios con medidas como la flexibilización de permisos de residencia. Pero la insularidad, el clima extremo y la dispersión geográfica convierten el reclutamiento en una carrera de obstáculos.
Una población enferma y dispersa
Groenlandia es el territorio menos densamente poblado del mundo. Algo más de 56.000 personas —20.000 de ellas en la capital, Nuuk— se reparten en pueblos y asentimientos remotos separados por enormes distancias. La sanidad opera en 70 localidades, pero la complejidad aumenta cuanto más se aleja uno del centro.
La carga de enfermedad, medida en años de vida saludable perdidos (DALY), es de 38.715 por cada 100.000 habitantes, muy por encima de la media europea (36.863) y de Dinamarca (30.931). El 1,5% de la población vive con cáncer y el 18,8% con algún trastorno de salud mental, ambos porcentajes superiores a la media de la UE.
La esperanza de vida revela la magnitud del problema: un niño groenlandés puede esperar vivir 69,3 años; una niña, 73,9. La media europea es de 81,7 años.
Organización piramidal
El sistema se divide en cinco regiones, cada una con un hospital regional. El Hospital Reina Ingrid, en Nuuk, actúa como hospital de la región Sermersooq y como centro nacional de referencia. Fuera de la capital, la atención primaria es la columna vertebral.
Especialistas daneses viajan periódicamente a Groenlandia para realizar procedimientos avanzados como cirugías oculares. La medicina interna, la psiquiatría y la mayoría de las intervenciones quirúrgicas se concentran en Nuuk. Pero lo que no puede hacerse allí, se deriva a Dinamarca.
Los pacientes oncológicos viajan al país europeo para recibir radioterapia, ya que Groenlandia no está equipada para manejar sustancias radiactivas. Las angioplastias, los stents, los trasplantes renales y las hemodiálisis tampoco están disponibles en la isla. El Consejo de Sanidad reconoce en su último informe que existe un "deseo constante" de acercar la atención al domicilio del paciente, pero cuanto más especializado es un tratamiento, más difícil resulta ofrecerlo localmente, no solo por la falta de personal, sino también por las exigencias de infraestructura y normativas.
La telemedicina como puente
La geografía impone sus leyes. Desde algunos asentamientos pueden tardarse días o incluso semanas en llegar a un médico, y las condiciones meteorológicas provocan retrasos constantes. La telemedicina ha aliviado parcialmente el problema.
Henrik Hansen, asesor médico del Departamento de Sanidad, explica que ahora enfermedades de la piel se diagnostican con apoyo telemédico desde Dinamarca. En 2023, el Servicio de Salud lanzó la aplicación Puisa, que permite videoconferencias seguras entre pacientes en sus hogares y profesionales sanitarios, con el objetivo de llegar a las zonas más remotas.
Ni caridad ni injerencia
La ministra Wangenheim fue clara: Groenlandia no aceptará cualquier ayuda, pero tampoco la rechazará por principio. La oferta de Trump fue percibida como un gesto de injerencia poco informado, pero abrió una conversación que la isla necesitaba tener.
El sistema sanitario groenlandés necesita personal cualificado y dispuesto a integrarse en una cultura minoritaria. Lo que no necesita son buques hospital con mensajes implícitos de que "nadie cuida" de sus enfermos. La realidad es más compleja y, sobre todo, más digna que ese relato.