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Ginebra acoge la segunda ronda nuclear entre EE.UU. e Irán

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La diplomacia y la guerra bailan una vez más al borde del abismo. Este lunes, las delegaciones de Estados Unidos e Irán se instalan en Ginebra para la segunda ronda de negociaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní, con la mediación de Omán y el telón de fondo de un portaaviones recién llegado a Oriente Medio y las declaraciones más beligerantes de Donald Trump hasta la fecha.

Las delegaciones: experiencia técnica y poder político
Por Irán, encabeza la delegación el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, quien antes del inicio de las conversaciones se reunirá con sus homólogos omaní y suizo, así como con el director general del OIEA, Rafael Grossi, para lo que describió como una "discusión técnica en profundidad" .

"La rendición ante las amenazas no está sobre la mesa. Llegamos con ideas prácticas para un acuerdo justo y equitativo" , declaró Araqchi.

Por Estados Unidos, la delegación incluye al asesor principal y yerno del presidente, Jared Kushner, y al enviado especial Steve Witkoff, lo que subraya la importancia que la Casa Blanca otorga a estas conversaciones.

El mantra iraní: líneas rojas innegociables
Teherán ha sido explícito sobre los límites de la negociación:

  • No se discutirá el programa de misiles balísticos, considerado parte de la capacidad defensiva del país.
  • El enriquecimiento de uranio no se detendrá.
  • Las reservas de uranio enriquecido no serán evacuadas del país.

El diputado Ibrahim Rezaei, miembro del Comité de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, expresó el escepticismo general en Teherán:

"No somos muy optimistas. Hay precedentes de Washington en la violación de acuerdos" , en alusión al historial de incumplimientos y a la guerra de los 12 días de junio de 2025, cuando Israel atacó Irán y EE.UU. bombardeó instalaciones nucleares.

La presión estadounidense: portaaviones y cambio de régimen
El domingo, el secretario de Estado Marco Rubio intentó calmar las aguas desde Bratislava:

"Nadie ha sido capaz de concluir un acuerdo exitoso con Irán, pero lo intentaremos. Estamos centrados en las negociaciones. El despliegue militar es una medida preventiva" .

Sin embargo, el viernes, Trump había anunciado el envío del USS Gerald R. Ford, el mayor portaaviones del mundo, desde el Caribe hacia Oriente Medio, sumándose a otros activos militares. Y fue más lejos:

"Un cambio de poder en Irán sería lo mejor que podría pasar" .

El factor Netanyahu: "que todo el material enriquecido salga de Irán"
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que se reunió con Trump en Washington esta semana, mantiene su propia agenda. En su discurso del domingo, fue tajante:

"Cualquier acuerdo entre Estados Unidos e Irán debe garantizar que todo el material enriquecido salga de Irán" .

Israel aboga por un acuerdo que no se limite al programa nuclear, sino que incluya la neutralización del programa de misiles y el cese del apoyo iraní a grupos como Hamás y Hezbolá.

No está claro hasta qué punto Netanyahu puede influir en la estrategia de Trump. El presidente estadounidense ha oscilado entre la amenaza militar y la presión diplomática, y su última declaración sobre el "cambio de régimen" sugiere que la paciencia de Washington tiene un límite.

El escenario: Ginebra, Omán, Suiza y el fantasma de la guerra
Las conversaciones se celebran en suelo europeo, con Omán como mediador y Suiza en su papel tradicional de representante de los intereses estadounidenses en Irán desde la ruptura de relaciones en 1980.

Pero la sombra de la guerra de los 12 días planea sobre la mesa. Las negociaciones anteriores no impidieron los ataques, y Teherán desconfía profundamente de las garantías occidentales.

Conclusión: un diálogo de sordos con misiles de fondo
Ambas partes dicen querer un acuerdo. Pero mientras Irán insiste en que "la rendición no es una opción", EE.UU. despliega portaaviones y su presidente sugiere que los ayatolás deberían desaparecer.

La segunda ronda de Ginebra no será un simple trámite diplomático. Será una prueba de fuego para determinar si la vía negociada puede sobrevivir a la desconfianza mutua, a las exigencias maximalistas y a la creciente presión militar.

Si fracasa, el mundo sabrá que la diplomacia ha muerto una vez más en Oriente Medio. Y que la guerra, como siempre, espera pacientemente su turno.