La madrugada del sábado, fuerzas estadounidenses e israelíes desataron una oleada de ataques coordinados contra objetivos en todo el territorio iraní. La operación, bautizada como 'Roaring Lion' por Israel y 'Epic Fury' por EE.UU., supera en alcance a los bombardeos de junio de 2025 y apunta a infraestructuras militares, centros de mando, el programa de misiles y, según fuentes israelíes, a altos dirigentes como el líder supremo Jamenei. El ataque se produce horas después de que Omán declarara que un acuerdo nuclear estaba "al alcance de la mano".
Teherán/Washington — La diplomacia ha fracasado. Apenas un día después de que el ministro de Asuntos Exteriores de Omán afirmara que un acuerdo entre Washington y Teherán podía firmarse "mañana mismo", la madrugada de este sábado se ha visto iluminada por misiles y explosiones en todo el territorio iraní. Estados Unidos e Israel han lanzado una operación militar conjunta de gran envergadura, la mayor desde la invasión de Irak en 2003, según el despliegue de fuerzas desvelado en las últimas semanas.
La operación, que responde a los nombres de 'Roaring Lion' (parte israelí) y 'Epic Fury' (parte estadounidense), no ha sido un acto improvisado. Es la culminación de una escalada que comenzó con las protestas del 28 de diciembre de 2025, reprimidas sangrientamente por el régimen de los ayatolás. Según estimaciones de organizaciones de derechos humanos, la represión podría haber dejado más de 30.000 muertos, una cifra que ha servido de justificación moral para la intervención.
El contexto: protestas, nucleares y un ultimátum
Donald Trump había advertido en repetidas ocasiones a lo largo del año: si el régimen iraní no frenaba la represión de las protestas y no llegaba a un acuerdo para limitar su programa nuclear, EE.UU. intervendría. La advertencia se convirtió en amenaza concreta a principios de febrero, cuando el presidente estadounidense mencionó la posibilidad de un ataque.
El historial reciente de ataques se remonta a la noche del 21 al 22 de junio de 2025, cuando la operación 'Midnight Hammer' destruyó las tres principales instalaciones nucleares iraníes. Entonces, la Casa Blanca declaró que el programa atómico iraní había sido "destruido". Sin embargo, los observadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no han tenido acceso a los emplazamientos desde entonces. Su director, Rafael Grossi, advirtió el 19 de febrero que la mayor parte del material nuclear acumulado antes de los bombardeos "sigue estando allí".
Irán contaba antes del ataque de junio con cerca de 9.000 kilogramos de uranio enriquecido, de los cuales 441 kilos estaban enriquecidos al 60%, a un paso del 90% necesario para fabricar una bomba. La comunidad internacional ha contenido el aliento desde entonces.
El despliegue: la mayor concentración de poder aéreo desde 2003
La maquinaria militar llevaba semanas en movimiento. Cuando Trump lanzó sus primeras amenazas, el Pentágono apenas contaba con recursos en la región. Desde entonces, el despliegue ha sido masivo:
- Cientos de aviones de combate, bombarderos, aviones de apoyo, cisterna y vigilancia.
- 18 buques de guerra desplegados en el mar Arábigo, el estrecho de Ormuz, el mar Rojo y el Mediterráneo.
- El portaaviones USS Gerald R. Ford, acompañado de su grupo aeronaval, llegó ayer mismo a las costas israelíes.
Se trata, según los analistas, del mayor despliegue de poder aéreo estadounidense en Oriente Medio desde 2003.
El ataque: más allá del programa nuclear
Según un primer análisis de los objetivos, el alcance de los bombardeos de este sábado supera con creces a los de junio de 2025. Los ataques se han extendido por todo el territorio iraní:
- Desde la región noroeste, fronteriza con Azerbaiyán e Irak.
- Hasta el sur del país, con los puertos estratégicos de Bandar Abbas en el estrecho de Ormuz y puntos más al sureste.
La operación no se limita a instalaciones nucleares. Apunta simultáneamente a:
- Infraestructuras militares.
- Centros de mando.
- Puntos neurálgicos en todo el territorio, incluidos los accesos marítimos de Irán al golfo Pérsico.
- El programa de misiles iraní, que cuenta con un arsenal estimado de 3.000 misiles, entre balísticos de corto alcance (300 a 1.000 km) y de medio alcance (1.000 a 3.000 km).
Objetivos políticos: Jamenei y Pezeshkian en la diana
Fuentes israelíes han filtrado que uno de los principales objetivos de la primera oleada de ataques conjuntos era alcanzar al mayor número posible de dirigentes. Se habría apuntado a altos responsables militares y políticos, en particular al líder supremo, Ali Jamenei, y al presidente Masoud Pezeshkian.
Un responsable estadounidense declaró que su país se centra "principalmente en objetivos militares", pero el discurso de Donald Trump, grabado y difundido horas antes del ataque, no deja lugar a dudas sobre la ambición final: "Vamos a destruir sus misiles y arrasar su industria de misiles. Vamos a aniquilar su marina. Nos aseguraremos de que Irán no consiga armas nucleares".
Y fue más allá: el presidente estadounidense pidió explícitamente un cambio de régimen, una idea que ya había adelantado el 13 de febrero, cuando afirmó que el cambio de régimen "sería lo mejor que podría pasar" en Irán.
El primer ministro israelí secundó la petición: "Nuestra acción conjunta creará las condiciones que permitirán al valiente pueblo iraní tomar las riendas de su destino".
La diplomacia, enterrada
La ironía trágica es que apenas 24 horas antes, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, mediador en las negociaciones, había declarado que un acuerdo entre Washington y Teherán estaba "al alcance de la mano" y podía firmarse "mañana mismo".
Las tres rondas de conversaciones mantenidas desde principios de año, con mediación omaní, habían abordado el programa nuclear, pero habían chocado con la negativa iraní a negociar su programa de misiles balísticos. Estados Unidos pedía un acuerdo indefinido y la renuncia a las reservas de uranio enriquecido, aunque estaba dispuesto a aceptar que Irán conservara el derecho a enriquecer uranio, siempre que se demostrara que no había camino hacia la bomba.
No hubo tiempo. Antes de que el "mañana mismo" de Omán llegara, los misiles ya surcaban el cielo de Teherán.
¿Qué viene ahora?
La comunidad internacional observa con horror cómo se desata una tormenta que muchos temen que pueda extenderse por toda la región. El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, condenó este sábado los ataques y advirtió del riesgo de "un conflicto aún más amplio, que inevitablemente provocará más muertes civiles absurdas y destrucción a una escala potencialmente inimaginable, no solo en Irán sino en toda la región de Oriente Medio".
El derecho internacional humanitario, recordó Türk, considera primordial la protección de los civiles. Pero en medio del estruendo de las bombas, esa protección parece una quimera.
Irán, con su capacidad de respuesta asimétrica a través de sus aliados en la región (Hezbolá en el Líbano, las milicias en Irak y Siria, los hutíes en Yemen), tiene múltiples formas de devolver el golpe. La guerra que muchos temían ha comenzado. Y nadie sabe cómo terminará.