Madrid/Teherán.– En medio de un alto el fuego que se tambalea por los ataques israelíes en Líbano y el cierre intermitente del estrecho de Ormuz, el Gobierno español ha decidido dar un paso audaz. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, anunció este jueves la reapertura de la Embajada de España en Irán, cerrada el pasado 7 de marzo tras la evacuación de todo su personal diplomático debido a la ofensiva de Estados Unidos e Israel. "He dado instrucciones a nuestro embajador en Teherán para que regrese, que se vuelva a poner al frente y reabra la Embajada", declaró Albares, quien insistió en que España se suma "desde todos los vectores posibles, incluida la capital de Irán, a ese esfuerzo por la paz".
La decisión se produce apenas 24 horas después de que Israel bombardeara el centro de Beirut, matando al menos a 112 personas, y de que Irán anunciara el cierre del estrecho de Ormuz en represalia. La tregua de dos semanas acordada entre Washington y Teherán parece más un espejismo que una realidad. Pero Albares defiende que son "dos semanas que tenemos por delante en las que esperemos que todos apuesten por la negociación, como hace España desde el primer día".
Israel arremete: "Una desgracia eterna"
La reacción de Israel no se hizo esperar. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, calificó la decisión de "eterna vergüenza" y recordó que "el régimen terrorista iraní ha reanudado las ejecuciones de sus ciudadanos, manifestantes y disidentes políticos". "España reabre su Embajada en Teherán. De la mano, sin vergüenza alguna. Una desgracia eterna", escribió en un comunicado. Las relaciones entre ambos países, ya tensas por la postura crítica de Madrid hacia la ofensiva en Gaza, se enfrían aún más.
Albares, sin embargo, no se arredró. A su llegada al Congreso de los Diputados para comparecer ante la Comisión de Asuntos Exteriores, defendió que la misión diplomática en Teherán es parte de un esfuerzo más amplio por la paz. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había sentado la línea el miércoles en un mensaje en X: "El Gobierno de España no aplaudirá a quienes incendian el mundo porque se presenten con un cubo. Lo que toca ahora: diplomacia, legalidad internacional y paz".
Líbano, el escenario de la nueva tensión
Mientras Albares anunciaba la reapertura, la ministra de Defensa, Margarita Robles, se reunía con el embajador libanés en España, Hani Chemaitelly, para reiterar el compromiso "firme" del Gobierno español con la estabilidad de Líbano. Robles calificó de "positiva" la tregua entre EE.UU. e Irán, pero expresó su "preocupación" por la negativa de Israel a extender el alto el fuego a territorio libanés. "La comunidad internacional no puede aceptar pronunciamientos que dejen al Líbano fuera de esta negociación", afirmó.
La ministra destacó la labor de los cerca de 700 militares españoles desplegados en la misión de la ONU en Líbano (FINUL), que operan en condiciones de extrema dificultad. Posteriormente, se reunió con el embajador de Indonesia para transmitir sus condolencias por la muerte de tres soldados indonesios que servían bajo mando español. Robles insistió en que tanto Hezbolá como Israel deben cesar los ataques contra los más de 10.000 cascos azules desplegados, "que trabajan por la paz y la estabilidad en una de las zonas más tensionadas del mundo".
La apuesta española: diplomacia frente a la guerra
España se mueve en una delicada cuerda floja. Por un lado, rechaza la invasión de Líbano y critica los bombardeos israelíes en Beirut. Por otro, reabre su embajada en Teherán, justo cuando Irán vuelve a cerrar el estrecho de Ormuz y amenaza con expandir el conflicto. La decisión es una apuesta clara por la diplomacia como herramienta para evitar una guerra regional total.
El embajador Antonio Sánchez-Benedito regresará a la capital iraní en los próximos días. Su misión será compleja: restablecer canales de diálogo con un régimen que Occidente acusa de violar derechos humanos, mientras España intenta mediar en un conflicto donde las balas y los misiles hablan más alto que las palabras. "Son dos semanas que tenemos por delante", repite Albares. Dos semanas en las que el mundo contiene la respiración. Y España, con su embajada reabierta, quiere ser parte de la solución, no del incendio. Israel lo ve como una traición. Para Madrid, es una apuesta por la paz. El tiempo dirá quién tiene razón.