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Eslovaquia deja de suministrar electricidad a Ucrania a partir de este lunes

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El ultimátum expiró y Bratislava cumplió su amenaza. Eslovaquia ha cortado el suministro eléctrico a Ucrania después de que Kiev no reanudara el flujo de petróleo a través del oleoducto Druzhba. Hungría se suma al boicot y anuncia que vetará tanto un préstamo europeo de 90.000 millones de euros como el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia. La unidad europea frente a Moscú cruje por las costuras.

Lo que comenzó como una disputa técnica por un oleoducto dañado se ha transformado en una crisis diplomática de primera magnitud. El Gobierno eslovaco, liderado por el populista prorruso Robert Fico, ha ejecutado su amenaza: esta madrugada, la compañía eléctrica estatal cortó el suministro de electricidad a Ucrania. El detonante, la negativa de Kiev a reanudar el bombeo de petróleo a través del oleoducto Druzhba (la "Amistad"), que permanece inactivo desde finales de enero.

El sábado, Fico concedió una prórroga de última hora. El plazo expiró sin respuesta. Y Bratislava actuó.

Estado de emergencia petrolero en Eslovaquia

La decisión ucraniana ha obligado a Eslovaquia a declarar el estado de emergencia en el sector de los hidrocarburos. La refinería eslovaca, dependiente del crudo ruso que transitaba por el oleoducto, deberá ahora priorizar el abastecimiento del mercado interno, reduciendo drásticamente su capacidad de exportación.

El Gobierno ucraniano justifica el cierre del oleoducto alegando que sufrió daños en un ataque con drones a finales de enero. Sin embargo, tanto Bratislava como Budapest sostienen que "no hay ningún obstáculo técnico" para reanudar el bombeo. La versión de Kiev, según los gobiernos de Fico y Viktor Orbán, encubre una decisión política: estrangular la llegada de petróleo ruso a dos países que mantienen una relación ambivalente con Moscú.

El eje Orbán-Fico contra Bruselas (y Kiev)

La respuesta húngara no se hizo esperar. El ministro de Asuntos Exteriores de Hungría anunció que su Gobierno vetará el préstamo de 90.000 millones de euros que la Unión Europea tenía previsto destinar a Ucrania. No será el único bloqueo: Budapest también paralizará la aprobación del vigésimo paquete de sanciones comunitarias contra Rusia hasta que se restablezca el suministro de petróleo.

La medida húngara se suma al corte de suministro de gasóleo a Ucrania decretado la semana pasada, también en respuesta al cierre del oleoducto. Orbán, fiel a su estilo, utiliza todas las palancas a su alcance para presionar a Kiev y, de paso, desafiar a Bruselas.

Fico: "Financiar al ejército ucraniano es un suicidio económico"

En un mensaje difundido este domingo, Robert Fico elevó el tono contra la política europea hacia Ucrania. El primer ministro eslovaco calificó de "irresponsabilidad y suicidio económico" la intención de la UE de seguir financiando al Ejército ucraniano en su lucha contra la invasión rusa.

Sus palabras, que podrían haber sido pronunciadas por cualquier alto cargo del Kremlin, reflejan el giro prorruso de su Ejecutivo y la creciente fatiga en algunos sectores europeos respecto al conflicto. Fico, que regresó al poder con un discurso escéptico sobre la continuidad del apoyo a Kiev, encuentra ahora en la crisis del petróleo la excusa perfecta para justificar su posición.

La unidad europea, en entredicho

La cadena de represalias dibuja un panorama inquietante para la cohesión europea. Dos Estados miembros utilizan su soberanía energética y su poder de veto comunitario para castigar a un país en guerra, mientras Moscú observa complaciente cómo se resquebraja el frente único que durante tres años ha contenido su avance.

El préstamo de 90.000 millones y el nuevo paquete de sanciones contra Rusia quedan ahora en el aire, rehenes de una disputa bilateral que Ucrania, Eslovaquia y Hungría deberán resolver antes de que el daño a la credibilidad europea sea irreversible. El tiempo corre y la factura energética sigue sin pagarse.