Salud

El tipo de alcohol que bebes puede cambiar el riesgo de muerte, incluso con consumos moderados

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Un estudio con más de 340.000 adultos del Reino Unido revela que el vino se asocia a un menor riesgo de mortalidad, mientras que la cerveza, la sidra y los licores —incluso en cantidades bajas— se vinculan a una mayor probabilidad de fallecimiento. Los investigadores advierten que los resultados no justifican comenzar a beber por salud.

La relación entre el alcohol y la salud es más compleja de lo que se creía. Un nuevo estudio presentado en la Sesión Científica Anual del American College of Cardiology sugiere que, en niveles bajos o moderados de consumo, el tipo de bebida alcohólica marca una diferencia significativa en el riesgo de mortalidad.

Los datos provienen de más de 340.000 adultos incluidos en el UK Biobank entre 2006 y 2022, a los que se hizo seguimiento durante más de 13 años de media. Los resultados, que se presentarán en el congreso, muestran que los grandes bebedores tienen un 24% más de probabilidades de morir por cualquier causa, un 36% más de morir de cáncer y un 14% más de fallecer por enfermedades cardíacas, en comparación con quienes nunca beben o lo hacen solo ocasionalmente.

Pero la sorpresa llegó al analizar los consumos bajos y moderados: no todas las bebidas implican el mismo riesgo.

Vino frente a cerveza, sidra y licores

En niveles bajos de consumo, los investigadores observaron diferencias sustanciales según el tipo de alcohol:

  • Los licores, la cerveza y la sidra se asociaron a un mayor riesgo de mortalidad.
  • El vino, en cambio, se vinculó a un riesgo menor.

Quienes bebían vino de forma moderada tenían, por ejemplo, un 21% menos de riesgo de muerte cardiovascular. En contraste, incluso un consumo bajo de otros tipos de alcohol se asociaba a un 9% más de riesgo.

"Estos resultados proceden de la población general y, en determinados grupos de alto riesgo, como las personas con enfermedades crónicas o problemas cardiovasculares, los riesgos podrían ser aún mayores", señaló Zhangling Chen, autora principal del estudio de la Universidad de Medicina de Tianjin (China).

¿Por qué el vino parece diferente?

Los investigadores apuntan a varias posibles explicaciones. Por un lado, el vino contiene compuestos como polifenoles y antioxidantes que podrían tener efectos protectores. Pero también influyen factores de estilo de vida más amplios: el vino suele consumirse acompañando las comidas y entre personas con dietas más saludables, mientras que la cerveza, la sidra y los licores se relacionan con una peor calidad de la dieta y otros factores de riesgo.

"Tomados en conjunto, estos factores sugieren que el tipo de alcohol, la forma en que se consume y los comportamientos de estilo de vida asociados contribuyen todos a las diferencias observadas en el riesgo de mortalidad", señaló Chen.

Limitaciones del estudio

El trabajo tiene limitaciones importantes. Es observacional, por lo que no puede demostrar relaciones de causa y efecto. Además, el consumo de alcohol se declaró voluntariamente al inicio de la investigación, sin tener en cuenta cambios posteriores. Las personas incluidas en el UK Biobank suelen estar más sanas y tener mayores recursos económicos que la población general, lo que puede limitar la capacidad de generalizar las conclusiones.

Los investigadores señalan que serían necesarios ensayos aleatorizados para comprender mejor los efectos reales de los distintos tipos de alcohol.

Un cuerpo creciente de evidencias

Este estudio se suma a un creciente número de investigaciones que cuestionan la idea de que el consumo moderado de alcohol puede ser beneficioso. Estudios previos han relacionado el alcohol con reducción del volumen cerebral, mayor riesgo de demencia y otros problemas de salud.

El mensaje de los investigadores es claro: aunque los resultados muestran diferencias entre tipos de alcohol, no justifican comenzar a beber por motivos de salud. Para quienes ya consumen alcohol, conocer estos matices puede ayudar a tomar decisiones más informadas. Pero como subraya el estudio, los grandes bebedores —independientemente de lo que beban— tienen un riesgo significativamente mayor de muerte prematura.