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El plan de Trump para relanzar el petróleo venezolano enfrenta enormes obstáculos

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El ambicioso proyecto del presidente estadounidense, Donald Trump, para reactivar la industria petrolera de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro se topa con una compleja combinación de desafíos técnicos, financieros y políticos que hacen poco realista recuperar los niveles históricos de producción a corto plazo.

Declive profundo y obstáculos estructurales
La producción venezolana ha caído desde más de 3 millones de barriles diarios hace 25 años a apenas 1 millón actual, debido a la corrupción, la falta de mantenimiento y las sanciones internacionales. Trump ha prometido una inversión de “al menos 100.000 millones de dólares” para explotar las enormes reservas de la Faja del Orinoco, pero expertos señalan que la infraestructura eléctrica y petrolera está en ruinas, requiriendo no solo capital, sino también financiamiento multilateral y años de trabajo.

Escepticismo empresarial y falta de gobernanza
Aunque las refinerías estadounidenses están habituadas al crudo pesado venezolano, empresas como ExxonMobil se muestran reticentes a regresar sin claridad sobre la gobernanza, seguridad jurídica y protección de inversiones. Analistas como David Goldwyn consideran “poco realistas” las metas de Trump ante la enorme tarea de estabilizar el país y la ausencia de una transición política definida.

Un camino largo: de la estabilización a la recuperación
Expertos estiman que, con una fase de estabilización, la producción podría elevarse a 1,5 millones de barriles diarios. Sin embargo, superar ese umbral exigirá una profunda recuperación institucional, garantías de estado de derecho y seguridad operativa, además de resolver cómo absorber ese crudo en un mercado global sin los descuentos previos a clientes como China o Rusia.

En resumen, relanzar la industria petrolera venezolana es un desafío monumental que va más allá de la inversión financiera, requiriendo soluciones políticas y técnicas aún no resueltas.