Los ministros de Finanzas del grupo de países más ricos del mundo se reunieron de urgencia por videoconferencia y lanzaron un mensaje de firmeza para contener el pánico en los mercados. El petróleo llegó a dispararse más de un 30% en la mañana, superando los 119 dólares, antes de moderar la subida. Francia, que ejerce la presidencia, confirma que la liberación de reservas está sobre la mesa. Por ahora, Europa y EE.UU. no sufren desabastecimiento, pero el cierre del estrecho de Ormuz por Irán mantiene en vilo a la economía global.
Bruselas — La llave del grifo energético global podría girarse en cuestión de horas. Los países del G7 expresaron este lunes su disposición a adoptar "todas las medidas necesarias" para estabilizar los mercados de hidrocarburos, cuyo precio se ha disparado por la guerra en Oriente Medio. La principal carta bajo la manga: recurrir a las reservas estratégicas de petróleo.
El mensaje llegó al término de una reunión de urgencia por videoconferencia de los ministros de Finanzas del grupo, convocada ante la tormenta perfecta que se desató tras los ataques a instalaciones petroleras en el Golfo Pérsico. El ministro francés, Roland Lescure, cuyo país ostenta la presidencia rotatoria del G7, fue tajante: "Vamos a examinar de cerca cómo estabilizar el conjunto de los flujos, el conjunto del mercado". Y eso, explicó, podría llevar a "la liberación de las reservas estratégicas".
Un mercado que tiembla
La reunión se precipitó por la evolución del fin de semana y la reacción de los mercados esta mañana, con fortísimas subidas del petróleo y el gas. El barril de Brent, referencia en Europa, llegó a dispararse más de un 30% en algunos momentos, superando puntualmente los 119 dólares. Una escalada que se sumaba al 20% acumulado la semana pasada.
A primera hora de la tarde, el incremento se moderaba ligeramente por debajo del 10%, aunque el crudo seguía por encima del simbólico umbral de los 100 dólares. La volatilidad refleja el nerviosismo ante un escenario incierto.
El estrecho de Ormuz, la llave
Según el análisis de Lescure, las inquietudes del mercado tienen que ver sobre todo con los problemas de exportación desde el Golfo Pérsico, es decir, con el cierre de facto por parte de Irán del estrecho de Ormuz. Por esa angosta vía marítima circula habitualmente la quinta parte de los hidrocarburos que se consumen en el mundo, principalmente con destino a Asia.
El ministro quiso dejar claro que, por el momento, "no hay ningún problema de aprovisionamiento de petróleo ni de gas en Europa o en Estados Unidos". Pero los temores a que un cierre duradero o la destrucción de instalaciones de producción o refinerías en el Golfo disparen los precios llevaron al G7 a actuar.
Las reservas, un arma con historia
Los miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), entre los que están todos los países del G7, tienen la obligación de disponer de reservas equivalentes a, como mínimo, 90 días de importaciones para responder a situaciones excepcionales. Según los datos de la AIE actualizados en noviembre, todos los miembros, con la única excepción de Australia, cumplen con ese mínimo. España, por ejemplo, cuenta con reservas para 96 días: 56 en manos de la industria y 40 en las de los poderes públicos.
Desde su creación tras la crisis del petróleo de 1973, la AIE ha recurrido a sus reservas estratégicas en cinco ocasiones. Las dos últimas fueron en marzo y abril de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania desencadenó una crisis energética global.
Ahora, la guerra en Oriente Medio amenaza con repetir la historia. El G7 ya ha dado la señal de salida. Las reservas están listas. Solo falta decidir si llega el momento de usarlas.