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EE.UU. e Irán confirman nueva ronda de negociaciones para este jueves

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La diplomacia y los portaaviones navegan en paralelo. Mientras Washington y Teherán confirman una nueva ronda de conversaciones nucleares para el jueves en Ginebra, ambos bandos refuerzan su musculatura militar y lanzan advertencias cruzadas. La pregunta flota en el aire: ¿fracasarán las palabras antes de que hablen las armas?

La geopolítica de Oriente Próximo vuelve a bailar al borde del abismo. El presidente estadounidense, Donald Trump, insinuó el viernes la posibilidad de "ataques limitados" contra Irán, y tanto la Casa Blanca como el régimen de los ayatolás se declaran listos para el combate si las conversaciones sobre el programa nuclear iraní naufragan. Sin embargo, el domingo, el facilitador Omán confirmó que la próxima ronda de diálogo se celebrará el jueves en Ginebra, inyectando una dosis de esperanza en un escenario enrarecido por la escalada bélica y las renovadas protestas en Teherán.

Omán, el mensajero en la tormenta

El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr al Busaidi, fue el encargado de oficializar la cita. Su país, acostumbrado a ejercer de puente discreto entre Washington y Teherán, ya acogió las conversaciones indirectas de la semana pasada en la ciudad suiza. Poco antes del anuncio omaní, el canciller iraní, Abbas Araghchi, avanzaba a la cadena CBS su intención de reunirse con el enviado estadounidense Steve Witkoff el mismo jueves, subrayando que aún existe una "buena oportunidad" para una salida diplomática.

El mensaje iraní intenta conciliar la firmeza con la flexibilidad. Araghchi aseguró que Irán trabaja en un borrador de acuerdo que evite una acción militar, pero el presidente Masoud Pezeshkian matizó en redes sociales: aunque las negociaciones han incluido "el intercambio de propuestas prácticas" con "señales alentadoras", Teherán ha "hecho todos los preparativos necesarios para cualquier escenario potencial". La doble vía —diálogo y disuasión— marca la estrategia persa.

El pulso de los portaaviones

Mientras los diplomáticos afinan sus discursos, el Pentágono mueve ficha. En las últimas semanas, Estados Unidos ha desplegado dos portaaviones en Oriente Próximo, junto con aviones adicionales, buques de guerra y un refuerzo de las defensas aéreas regionales. La maquinaria militar acompaña a las amenazas verbales, creando una atmósfera de presión máxima sobre la república islámica.

El contexto interno iraní añade tensión al cóctel. Desde que un movimiento de protesta a escala nacional sacudió el país, la represión se ha cobrado miles de vidas, según grupos defensores de derechos humanos. Este domingo, los estudiantes volvieron a tomar las calles en manifestaciones a favor y en contra del gobierno, recordando que la fractura social también juega su papel en la ecuación.

¿De qué se negocia (y de qué no)?

En apariencia, el menú de Ginebra se limita al programa nuclear. Pero tanto Estados Unidos como Israel presionan para ampliar el debate al programa de misiles iraní y al apoyo de Teherán a sus proxies armados en la región. Araghchi, sin embargo, se mantiene en sus trece: la cuestión nuclear es el único asunto sobre la mesa, insistiendo en el derecho de Irán a enriquecer uranio, algo que Washington rechaza de plano.

Las declaraciones públicas dibujan un desencuentro de base. Witkoff, en declaraciones a Fox News, reflejó la perplejidad de la Casa Blanca: "El presidente se pregunta por qué no han capitulado. ¿Por qué no han venido a nosotros diciendo que renuncian a las armas y proponiendo qué están dispuestos a hacer?". Desde la perspectiva estadounidense, Irán debe demostrar que su programa es pacífico; desde Teherán, las sanciones deben levantarse a cambio de medidas de confianza.

El fantasma de 2018

Las conversaciones llevaban años congeladas desde que Trump, en 2018, decidiera retirar unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo nuclear firmado en 2015 entre Irán y las potencias mundiales. Aquella decisión dinamitó el pacto y abrió una etapa de máxima desconfianza. Ahora, con el republicano de vuelta en la Casa Blanca, la historia parece querer repetirse, aunque nadie sabe si como tragedia o como farsa.

Irán insiste en que su programa tiene fines pacíficos, pero las potencias occidentales albergan serias dudas. Los ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares iraníes en junio pasado —que Trump aseguró que "destruyeron" esas infraestructuras— no han hecho sino aumentar la opacidad. Teherán impide la entrada de inspectores internacionales, y mientras tanto, Araghchi alardea: "Tenemos una muy buena capacidad de misiles, y ahora estamos incluso en una situación mejor" que antes de aquellos bombardeos.

La comunidad internacional contiene el aliento. Ginebra, de nuevo, se convierte en el termómetro de una crisis que puede derivar en guerra o en un nuevo entendimiento, aunque sea precario. El jueves, las palabras tendrán su oportunidad. Después, quizá, hablen los cañones.