El gobierno de Daniel Noboa expulsa al embajador cubano y retira al suyo de La Habana, sumando a la isla a una lista que ya incluye a México, Venezuela y Nicaragua. La decisión, sin un conflicto público aparente, responde a la alineación ideológica del mandatario con la derecha latinoamericana y se produce horas antes de su viaje a una cumbre con Donald Trump. Mientras tanto, la guerra comercial con Colombia escala con aranceles del 50% y cortes energéticos cruzados.
Quito — La política exterior de Ecuador se ha convertido en un campo de batalla. El presidente Daniel Noboa sumó este jueves a Cuba a la lista de países con los que ha roto relaciones diplomáticas en apenas dos años de mandato, una decisión que sorprende por su falta de detonante público y que consolida el aislamiento del país andino respecto a los gobiernos de izquierda en la región.
La expulsión del embajador cubano Basilio Gutiérrez y de todo su personal diplomático, junto con la retirada del embajador ecuatoriano en La Habana, José María Borja, no responde a ningún incidente concreto más allá de la evidente diferencia ideológica. Ni siquiera en 1981, cuando la embajada ecuatoriana en La Habana fue invadida por disidentes que buscaban refugio, Quito había tomado una decisión de este calibre.
El movimiento se produce horas antes de que Noboa viaje a Estados Unidos para participar en una cumbre de presidentes de derecha latinoamericanos con Donald Trump, un gesto que subraya su alineamiento con el bloque conservador regional.
El legado de Glas: la chispa que incendió la región
La actual deriva diplomática de Ecuador tiene un origen claro: la noche del 5 de abril de 2025, cuando fuerzas especiales ecuatorianas asaltaron la embajada mexicana en Quito para capturar al exvicepresidente Jorge Glas, a quien México había concedido asilo. La violación del recinto diplomático desencadenó una reacción en cadena.
México rompió relaciones de inmediato. Venezuela y Nicaragua hicieron lo propio en solidaridad. Los tres países boicotearon la Cumbre Iberoamericana celebrada meses después en Cuenca. Y desde entonces, Noboa se ha mostrado intransigente: no habrá negociación mientras Glas, hoy en la llamada "Cárcel del Encuentro" (el centro penitenciario construido a imagen de las megacárceles de Nayib Bukele), siga tras las rejas. El caso está ahora en manos de la Corte Internacional Penal de La Haya.
Guerra comercial con Colombia: aranceles, electricidad y petróleo
Pero el frente más caliente, y de mayor impacto económico, es el que Ecuador mantiene abierto con Colombia. Lo que comenzó como un distanciamiento verbal entre Noboa y el presidente colombiano, Gustavo Petro, derivó en una guerra comercial de ida y vuelta.
Ecuador impuso primero un arancel del 30% a productos colombianos. Colombia respondió con la misma tarifa para 72 productos y prohibió el ingreso terrestre de los principales rubros de exportación ecuatoriana, como el banano y el camarón. La respuesta de Quito no se hizo esperar: elevó el arancel al 50%.
Pero el golpe más duro llegó cuando Colombia suspendió el suministro de electricidad a Ecuador, un país que sufre crisis energéticas recurrentes por su incapacidad de generar suficiente para abastecer la demanda interna. Ecuador replicó multiplicando por diez la tarifa para el transporte de petróleo colombiano por sus oleoductos: de 3 a 30 dólares por barril.
El diálogo está roto. Noboa acusa a Colombia de no vigilar suficientemente la frontera para frenar el flujo de cocaína que alimenta la peor crisis de violencia criminal en la historia reciente de Ecuador.
Una región fragmentada
Con la ruptura de Cuba, Ecuador completa un arco de aislamiento que lo distancia de México, Venezuela, Nicaragua y ahora La Habana, mientras mantiene una guerra comercial abierta con Colombia y una relación congelada con el gobierno de Petro. En menos de dos años, Noboa ha redefinido el mapa diplomático ecuatoriano: de la tradición de no injerencia a la confrontación ideológica como eje de su política exterior.
El costo económico del conflicto con Colombia aún no ha sido cuantificado en su totalidad, pero las cámaras de comercio de ambos países ya alertan sobre pérdidas millonarias. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo una disputa diplomática se convierte en una guerra comercial sin precedentes en la región.
Y en ese tablero, Cuba se convierte en la última ficha caída.