La crisis humanitaria en la Penitenciaría del Litoral, la prisión más poblada y peligrosa de Ecuador, alcanza niveles dantescos: más de 500 reclusos fallecieron en 2025 por tuberculosis y desnutrición. Una comisión de derechos humanos ingresó este martes al penal y constató que las muertes continúan, la comida es irregular y la atención médica, un espejismo.
Guayaquil — El infierno tiene nombre: Penitenciaría del Litoral. En las últimas horas, 496 presos con graves problemas de salud fueron trasladados de emergencia a la cárcel Regional, ubicada a escasos metros, en un intento desesperado por salvar vidas. La medida, ordenada por un juez y ejecutada en la víspera, responde a la crisis sanitaria que azota al penal más peligroso de Ecuador, donde la tuberculosis y la desnutrición crónica se han cobrado la vida de más de 500 reclusos entre enero y septiembre de 2025, según cifras oficiales entregadas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Un pabellón vacío y otro condenado
Billy Navarrete, director del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), confirmó a EFE que la comitiva ingresó este martes al penal para verificar el cumplimiento de la orden judicial y se encontró con el pabellón cinco completamente vacío. Los 478 presos que lo ocupaban fueron trasladados para recibir atención especializada.
"Es una reacción positiva a toda la incidencia, porque si no se hubiese hecho todo esto no se habría dado el traslado y hay al menos unas vidas que se pueden salvar", valoró Navarrete. Sin embargo, la alegría duró poco: las autoridades penitenciarias anunciaron que el pabellón cinco será ocupado por reclusos del pabellón siete, quienes también padecen enfermedades como tuberculosis y viven en condiciones de "hacinamiento terrible", con hasta doce personas por celda.
Muertes que no cesan
Mientras los funcionarios recorrían las instalaciones, la muerte no daba tregua. "Ayer falleció una persona en una de las celdas en las que estuvimos y entre el viernes y el lunes hubo doce muertos", reveló Navarrete, desmontando cualquier intento de maquillar la realidad. Las autoridades gubernamentales han dejado de informar públicamente sobre los decesos, pero la comisión constató que la cifra sigue en aumento.
En el policlínico de la prisión, los visitantes encontraron un oasis en medio del desierto: instalaciones en "muy buenas condiciones" y presos recibiendo atención médica. Pero el espejismo se desvaneció rápido. "Era la primera vez que recibían medicinas", alertaron los reclusos.
Comida irregular y derechos fundamentales en el aire
La alimentación, otro derecho básico, también pende de un hilo. Navarrete describió una provisión "irregular", con personas que reciben menos raciones y otras que directamente se quedan sin comer, incluyendo a quienes padecen tuberculosis y necesitan nutrición urgente.
"Las deficiencias y los problemas estructurales para garantizar los derechos fundamentales, la salud y la alimentación siguen", sentenció el director del CDH.
La CIDH, a la espera
La Defensoría del Pueblo deberá presentar al juez un informe detallado sobre la situación carcelaria, que incluirá las valoraciones del CDH. Estas mismas observaciones serán remitidas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que a inicios de año otorgó medidas cautelares a los presos ante el "elevado número de muertes" vinculadas a tuberculosis y desnutrición.
La CIDH ha solicitado ingresar a la prisión para verificar in situ las condiciones, pero el Estado ecuatoriano aún no ha respondido a la petición. Mientras tanto, en el Litoral, la muerte sigue haciendo horas extras.