Dormir es vida, pero todo en exceso puede volverse en contra. Esa es la advertencia que lanza el doctor Jeffrey H. Chester, médico y director del Ohana Luxury Addiction Treatment Center, en declaraciones recogidas por Hello! Magazine: superar las nueve horas de sueño de forma habitual podría tener consecuencias negativas para la salud, en lugar de ser un síntoma de descanso reparador.
El rango dorado: entre siete y nueve horas
Chester recuerda que múltiples estudios clínicos han establecido el rango óptimo de descanso para adultos entre siete y nueve horas por noche. Dentro de ese intervalo, el cuerpo y la mente se recuperan adecuadamente, la función cognitiva se mantiene alerta y el bienestar emocional se estabiliza.
Pero cuando el reloj marca sistemáticamente más de nueve horas, el panorama cambia.
Las consecuencias: fatiga, niebla mental y corazón en riesgo
El especialista detalla que el exceso de sueño (hipersomnia) puede asociarse con:
- Trastornos del ánimo: irritabilidad, apatía o incluso depresión.
- Fatiga persistente: esa paradoja de despertar más cansado que al acostarse.
- Dificultades cognitivas: problemas de concentración, memoria y agilidad mental.
- Riesgos metabólicos y cardíacos: la evidencia científica vincula este patrón con mayor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, obesidad y enfermedades cardiovasculares.
El ritmo circadiano: el director de orquesta desajustado
Uno de los mecanismos clave que explica este fenómeno es la alteración del ritmo circadiano, el sistema biológico interno que regula los ciclos de vigilia y sueño.
"Cuando este reloj interno se desajusta, pueden verse afectados los niveles de energía y aumentar la sensación de cansancio, incluso después de haber dormido muchas horas" , explica Chester.
El resultado es un círculo vicioso: se duerme más para compensar el cansancio, pero ese exceso termina profundizando la fatiga.
¿Cuándo preocuparse?
Dormir más de lo habitual de forma aislada —tras una enfermedad, una semana agotadora o en período de recuperación— no representa un riesgo. La señal de alarma se enciende cuando:
- El patrón se mantiene durante semanas o meses.
- Se acompaña de falta de energía sostenida.
- Aparecen alteraciones emocionalessin causa aparente.
En esos casos, Chester recomienda consultar a un profesional sanitario para descartar causas subyacentes como trastornos del ánimo (depresión), afecciones metabólicas (hipotiroidismo) o apnea del sueño.
Claves para un descanso saludable
Los expertos ofrecen pautas sencillas pero poderosas para regular el sueño sin caer en excesos:
- Rutinas constantes: acostarse y levantarse a la misma hora, incluso los fines de semana.
- Rituales relajantes: meditación, escritura reflexiva o lectura ligera antes de dormir.
- Luz natural: exposición durante la mañana y la tarde para favorecer la producción de melatonina.
- Evitar pantallas: la luz azul inhibe la melatonina y retrasa el sueño.
Ni falta, ni exceso
Dormir bien no es solo cuestión de cantidad, sino de calidad y regularidad. La creencia de que "dormir más siempre es mejor" choca con la evidencia: un sueño prolongado y desregulado puede ser tan perjudicial como el insomnio. La clave está en escuchar al cuerpo, pero también en entender que el descanso, como casi todo en la vida, busca su punto justo. Ni siete minutos menos, ni nueve horas de más.