Bogotá/Quito.– La relación comercial entre Colombia y Ecuador, dos socios históricos que alguna vez compartieron moneda y sueños de integración, se ha convertido en un campo de batalla. Este viernes, el gobierno colombiano anunció una escalada sin precedentes: elevará del 30% al 100% los aranceles a las importaciones ecuatorianas, en respuesta directa a la decisión de la administración de Daniel Noboa de subir del 50% al 100% la llamada "tasa de seguridad". La guerra comercial, que comenzó en febrero, alcanza ahora su punto más álgido, amenazando con romper más de medio siglo de acuerdos comerciales.
La ministra de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, Diana Marcela Morales, fue contundente: "Hemos agotado todos los esfuerzos diplomáticos. Hemos mantenido abiertos los canales de diálogo, buscando una salida que beneficie a ambos países, a los empresarios y, sobre todo, a las comunidades de ambos lados de la frontera. Pero no hemos logrado respuesta positiva. Por el contrario, Ecuador anuncia un endurecimiento en el frente comercial".
La funcionaria explicó que la medida colombiana busca "nivelar con la nueva tarifa planteada por Ecuador", en un intento de equilibrar unas condiciones de competencia que, según Bogotá, han sido gravemente desequilibradas por la decisión de Quito.
El origen: seguridad fronteriza y aranceles como arma política
La chispa que encendió la hoguera fue la imposición por parte del presidente Daniel Noboa de un arancel del 30% el 1 de febrero, elevado al 50% el 1 de marzo y ahora al 100%. Noboa justifica la medida en la falta de acción de Colombia contra el crimen organizado en la frontera común de 586 kilómetros, donde operan bandas dedicadas al narcotráfico y el contrabando. "No se puede llegar a acuerdos con un gobierno que no tiene el mismo compromiso en la lucha contra el narcotráfico", declaró Noboa el jueves, en clara alusión al presidente Gustavo Petro.
Pero la tensión va más allá de los aranceles. Días antes, Petro había calificado al exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas (condenado por corrupción) como un "preso político", lo que Noboa consideró un "atentado contra la soberanía". Como respuesta, Ecuador llamó a consultas a su embajador en Bogotá, y Petro hizo lo propio con su embajadora en Quito. La diplomacia está en punto muerto.
El impacto económico: Colombia tiene más que perder (o ganar)
Los números explican por qué la escalada duele en ambos lados. En 2025, las exportaciones de Colombia a Ecuador sumaron 1.846,7 millones de dólares, mientras que las importaciones desde Ecuador alcanzaron los 830,1 millones, dejando un superávit comercial de 1.016,6 millones para Colombia. Es decir, Colombia vende más del doble de lo que compra. Un arancel del 100% a las importaciones ecuatorianas afectará principalmente a productos como el banano, las flores, los camarones y el cacao, que son los principales rubros de exportación de Ecuador hacia Colombia. Pero también golpeará a los consumidores colombianos, que verán subir los precios de esos productos.
Por su parte, Ecuador sufrirá un duro revés, ya que sus exportaciones a Colombia representan un mercado importante. La guerra comercial no tiene ganadores claros, solo pérdidas para los empresarios, los agricultores y los ciudadanos de ambos países.
La vía jurídica: demanda ante la CAN
Colombia ya había presentado una demanda contra los aranceles ecuatorianos ante la Comunidad Andina (CAN), argumentando que violan el Acuerdo de Cartagena de 1969, el tratado fundacional del bloque de integración regional. Pero los procesos judiciales son lentos, y la guerra comercial se mueve a velocidad de tuits y decretos.
Un conflicto que ensombrece la integración regional
Lo que está en juego es más que el banano o los camarones. Es la credibilidad de los mecanismos de integración andina, la confianza entre vecinos y la capacidad de resolver diferencias sin acudir a medidas unilaterales que castigan a la población. Colombia y Ecuador compartieron moneda (el sucre y el peso eran intercambiables), sueños de unidad y una frontera porosa donde las familias viven entre dos países. Ahora, esa frontera se ha convertido en una trinchera arancelaria.
La ministra Morales insistió en que Colombia aún está dispuesta al diálogo, pero "no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras Ecuador nos golpea comercialmente". Por su parte, Noboa parece decidido a mantener la presión, usando la tasa de seguridad como un mecanismo de coerción para que Colombia endurezca su lucha contra el crimen organizado.
El pulso continúa. Los aranceles del 100% ya están sobre la mesa. Los productores de ambos países se preparan para lo peor. Y los cancilleres, mientras tanto, miran de reojo a la CAN, esperando que la justicia comunitaria ponga fin a una guerra que, por ahora, solo deja heridas. La integración andina, ese viejo sueño, se desangra en la aduana. Y los ciudadanos, como siempre, pagan la factura.