El devastador terremoto que sacudió el oeste de Colombia el pasado lunes ha dejado hasta el momento un balance de 265 fallecidos, 3.494 heridos y 496 personas desaparecidas, según la actualización ofrecida este miércoles por el presidente Abelardo de la Espriella. Desde el Palacio de San Carlos, en Bogotá, el mandatario subrayó que los esfuerzos del Gobierno se concentran ahora en la búsqueda de los desaparecidos, y reconoció que la magnitud de la tragedia "requiere de una gran determinación política".
Los datos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres revelan la dimensión del desastre: 25.872 familias afectadas, 11.347 viviendas completamente destruidas y otras 53.526 con daños parciales. Además, 140 edificios han colapsado, y el impacto en infraestructuras críticas es severo: 1.819 centros educativos y 631 centros comunitarios han resultado dañados. El Ministerio de Exteriores de España ha confirmado la muerte de un ciudadano español con doble nacionalidad y ha reducido a 12 el número de compatriotas desaparecidos.
Emergencia económica y fondo de reconstrucción
Ante la magnitud de la catástrofe, De la Espriella ha activado la figura constitucional de "emergencia económica", que otorga al Ejecutivo un mayor margen de maniobra para gestionar la crisis. Este mecanismo permitirá poner en marcha el denominado "fondo milagro", una herramienta diseñada para canalizar tanto los recursos nacionales como la ayuda internacional destinada a la reconstrucción.
Solidaridad internacional: el gesto de José Andrés
La respuesta solidaria no se ha hecho esperar. El chef español José Andrés, a través de su fundación World Central Kitchen, ha anunciado una donación de un millón de dólares para ayudar a los pequeños negocios de alimentación colombianos a reabrir sus puertas. En un mensaje publicado en X, el cocinero explicó que su organización trabajará junto al Longer Table Fund para identificar las zonas donde el dinero pueda generar un impacto más rápido y efectivo sobre el terreno. Con esta contribución, Andrés se suma a los esfuerzos de reconstrucción y demuestra que la gastronomía también puede ser una herramienta de esperanza en medio de la tragedia.