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Chile planta cara a EE.UU.: "No seremos territorio en disputa" por el cable submarino chino

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El canciller Alberto Van Klaveren responde con firmeza a las sanciones y advertencias de Washington tras el proyecto de fibra óptica entre Santiago y Pekín. La tensión diplomática escala mientras Boric suma críticas a Trump.

Santiago de Chile — La Moneda ha dicho basta. El ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alberto Van Klaveren, lanzó este lunes un mensaje claro a Estados Unidos: el país sudamericano "no puede ni debe ser utilizado como territorio en disputa por potencias que están en conflicto o por tensiones geopolíticas globales". La advertencia llega en medio de una escalada diplomática sin precedentes entre la administración de Gabriel Boric y la Casa Blanca de Donald Trump, a raíz de un proyecto para instalar un cable submarino de fibra óptica entre Chile y China.

El origen del conflicto: un cable que cruza el Pacífico

El detonante de la crisis es un proyecto aún en evaluación que busca conectar por fibra óptica a Chile con China, una iniciativa que despertó las alarmas en Washington. El embajador estadounidense en Santiago, Brandon Judd, cuestionó abiertamente la capacidad de Chile para proteger información "delicada" que pudiera transitar por ese cable, insinuando que la infraestructura podría ser utilizada por Pekín para fines de espionaje o injerencia.

Van Klaveren rechazó de plano las insinuaciones: "No está en riesgo la seguridad y soberanía de Chile y mucho menos la de Estados Unidos". El canciller subrayó que su país "quiere mantenerse fuera de esas disputas" y lamentó que la administración Trump haya decidido intervenir en un asunto que considera estrictamente bilateral entre Santiago y Pekín.

Sanciones y visas: el palo de Washington

El viernes, el Departamento de Estado estadounidense tomó una decisión que encendió aún más la mecha: revocó las visas de tres funcionarios del gobierno chileno implicados en el proyecto, entre ellos el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz. La justificación oficial fue que estos funcionarios "socavaron la seguridad regional" al promover el enlace con China.

La respuesta de La Moneda no se hizo esperar. Chile presentó una nota de protesta formal ante EE.UU. y Van Klaveren calificó la medida como "inaceptable". "El otorgamiento o la restricción de visas no debe utilizarse para amenazar, sancionar unilateralmente o plantear un posible riesgo, que además en este caso no es real", sentenció el canciller, visiblemente molesto por lo que considera una forma equivocada de "abordar una diferencia" entre dos países que definió como "amigos" y "aliados estratégicos".

El fantasma de los hackeos

En paralelo a la disputa diplomática, Estados Unidos entregó al gobierno chileno un informe sobre posibles hackeos detectados contra empresas de telecomunicaciones y construcción locales, supuestamente perpetrados por "agentes malignos extranjeros". El objetivo de la advertencia era presionar a Santiago para que extremara los cuidados con la información sensible.

Van Klaveren confirmó la recepción del reporte y aseguró que los antecedentes fueron derivados a la Agencia Nacional de Ciberseguridad y a la Policía de Investigaciones. "Disponemos de una institucionalidad robusta para hacer frente a esos ciberataques; todas las denuncias que recibimos las tomamos muy en serio y las procesamos", afirmó, aunque reconoció que no siempre se comunican los resultados de esas investigaciones.

El embajador Judd, sin embargo, cuestionó la eficacia de esos mecanismos al señalar que, "hasta la fecha", no ha recibido respuesta sobre las advertencias realizadas.

Boric vs. Trump: una historia de desencuentros

La tensión actual no es un hecho aislado. Durante su mandato, el progresista Gabriel Boric ha criticado en múltiples ocasiones a Donald Trump por asuntos como la subida de aranceles, sus declaraciones sobre recuperar el control del Canal de Panamá, su papel en la guerra de Ucrania o los bombardeos en Irán. Ahora, el conflicto por el cable submarino añade un nuevo capítulo a una relación bilateral cada vez más espinosa.

La sanción estadounidense ha generado un amplio rechazo en el espectro político chileno, con acusaciones cruzadas de "intervencionismo" y "violación de la soberanía nacional". Mientras tanto, el proyecto del cable sigue en evaluación, convertido sin quererlo en el símbolo de una pugna geopolítica que Chile nunca pidió protagonizar.