Economía

Bruselas rechaza que su impuesto al carbono sea un arancel

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Banderas europeas ondeando frente a la sede de la Comisión Europea en Bruselas, Bélgica, 20 de septiembre de 2023. REUTERS/Yves Herman

La Comisión Europea ha salido al paso de las críticas de Estados Unidos y ha negado este jueves que su Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) pueda equipararse a un arancel, después de que el embajador estadounidense ante la UE, Andrew Puzder, acusara a Bruselas de aplicar un "doble rasero" al denunciar los aranceles de Washington sobre el acero y el aluminio mientras impulsa una medida "proteccionista disfrazada de política climática".

En un artículo de opinión publicado este miércoles en el Financial Times, Puzder defendió los aranceles impuestos por la Administración Trump bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, argumentando que responden a un imperativo de seguridad nacional ante la sobrecapacidad subsidiada de terceros países, especialmente China. El diplomático acusó a Bruselas de "proteccionismo ecológico" y de aplicar un doble rasero al criticar las medidas estadounidenses mientras promueve su propio mecanismo fronterizo.

Una portavoz comunitaria replicó en rueda de prensa que el CBAM es "una medida climática diseñada para evitar la fuga de carbono, apoyar la descarbonización global" y garantizar que los productos importados asuman el mismo coste del carbono que los productores europeos bajo el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE. La Comisión insistió en que el mecanismo es "no discriminatorio" y compatible con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ya que se aplica a todos los terceros países en función de las emisiones incorporadas verificadas, "independientemente del origen".

A diferencia de los aranceles tradicionales, señaló la portavoz, los bienes con baja huella de carbono tendrán obligaciones "bajas o nulas" bajo el CBAM, y el precio del carbono ya abonado en el país de origen puede deducirse de la obligación, evitando así la doble imposición. "Por tanto, no compartimos las comparaciones con las medidas arancelarias unilaterales", zanjó.

El CBAM, que entró en vigor el pasado 1 de enero tras dos años de período transitorio, obliga a los importadores de acero, aluminio y otros productos intensivos en carbono a pagar por las emisiones incorporadas en esos bienes, equiparando el precio del carbono que ya pagan los productores europeos. En junio, Bruselas propuso ampliar su alcance a productos que contienen una "elevada proporción" de estos materiales, como componentes de vehículos, electrodomésticos, maquinaria o equipos de construcción.

La Comisión subrayó que la autonomía reguladora de la UE es "innegociable" y que el acuerdo marco con Washington no exige cambios en sus normas ni un trato favorable para las empresas estadounidenses. El pulso entre Bruselas y Washington por el comercio y el clima se intensifica, mientras ambas partes defienden sus instrumentos regulatorios como legítimos y necesarios.