La crisis diplomática entre Argentina y Brasil ha escalado a un nuevo nivel. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha decidido expulsar al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, y reducir la relación bilateral al nivel de encargados de negocios, en respuesta a los repetidos insultos del presidente argentino, Javier Milei, contra su homólogo brasileño. La Cancillería argentina expresó este martes su "lamentación" por la medida, que calificó como "adoptada unilateralmente", y acusó a Brasil de "aislarse del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas".
En un comunicado oficial, el Palacio San Martín tomó nota de la decisión brasileña y subrayó que Argentina ha optado por no llevar las diferencias políticas al plano diplomático en el pasado, una postura que, según la Cancillería, sigue vigente. "Nunca respondimos a una diferencia política con una medida institucional", afirmó el texto, que también reiteró que las relaciones entre los Estados "deben responder a los intereses permanentes de sus pueblos" y no a "las necesidades políticas y/o personales de los gobernantes de turno".
El origen de la tensión se remonta a la semana pasada, cuando Milei, durante el acto de lanzamiento de la campaña electoral del opositor brasileño Flávio Bolsonaro —principal rival de Lula en las elecciones de octubre—, se refirió al mandatario progresista como "presidiario" y "ladrón", y lo acusó de "despilfarrar" el dinero público. El presidente argentino apoyó abiertamente a Bolsonaro como el único candidato capaz de "parar a la basura socialista" en las urnas. Desde entonces, Milei ha reiterado sus ataques en varias entrevistas, instando este mismo martes a los brasileños a "sacarse de encima a los corruptos chorros (ladrones)" en los comicios de octubre.
El embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, fue convocado a consultas la semana pasada como protesta por las ofensas, y ahora la expulsión del embajador argentino y la rebaja del rango diplomático elevan el conflicto a su punto más crítico en décadas. Aunque el canciller argentino, Pablo Quirno, intentó bajar el tono la semana pasada al afirmar que las diferencias son políticas y no institucionales, los hechos han demostrado que la escalada es imparable. La decisión brasileña, que mantiene las relaciones diplomáticas pero en un nivel menor, deja la pelota en el tejado de Milei, cuyo discurso confrontativo sigue marcando la agenda bilateral en la región.