Salud

Alerta en Francia: niños expuestos a metales pesados y acrilamida en cereales, bollería y pescado

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Los niños franceses están consumiendo, a través de su alimentación cotidiana, niveles de metales pesados y otros contaminantes químicos que superan los umbrales considerados seguros para la salud. Así lo advierte el estudio EAT3 de la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES) , cuyos resultados iniciales han encendido las alarmas en el país y en el conjunto de Europa.

Los contaminantes bajo la lupa: cadmio, aluminio, mercurio, plomo y acrilamida
El estudio, que analizó más de 700 muestras de alimentos representativas del 90% de la dieta francesa, concluye que:

  • Cadmio: presente principalmente en cereales del desayuno. Entre el 23% y el 27% de los niños mayores de tres años superan la ingesta diaria tolerable. Puede afectar a la función renal.
  • Aluminio: localizado en bollería y galletas dulces. El 76% de los niñospresenta niveles superiores al valor tóxico de referencia, frente al 39% de los adultos.
  • Mercurio: presente en el pescado, especialmente en depredadores como el atún. Los niveles se mantienen sin cambios respecto a estudios anteriores.
  • Plomo: detectado en pan y verduras. Aunque ha disminuido un 27% en niños gracias a políticas públicas (prohibición de gasolina con plomo, pinturas, etc.), sigue siendo una preocupación.
  • Acrilamida: presente en patatas fritas y salteadas. Se forma al cocinar a altas temperaturas. Los niveles han descendido en café, pero la exposición global sigue siendo elevada.

La paradoja de los alimentos: beneficios nutricionales vs. riesgos químicos
Morgane Champion, corresponsable del estudio, explicó que estos resultados forman parte de una investigación más amplia que se publicará en los próximos años, con recomendaciones específicas para reducir la exposición.

Véronique Sirot, también corresponsable, advirtió sobre la doble cara de ciertos productos:

"Algunos alimentos, en particular la bollería y las galletas, no solo contienen estos metales traza, sino que además tienen escaso valor nutricional" .

En el caso de las verduras, aunque se observaron niveles ligeramente más altos de algunos metales, Sirot insistió en que "no pone en duda los beneficios nutricionales indiscutibles de consumirlas" .

Pescado: el dilema del mercurio
Los peces depredadores, como el atún, presentan las mayores concentraciones de metilmercurio. Sin embargo, Champion recordó:

"El consumo de pescado tiene un beneficio nutricional indiscutible. Recomendamos comer dos raciones de pescado a la semana, incluyendo una de pescado azul, y variar tanto las especies como el origen de suministro".

Mejoras: el plomo baja, pero no desaparece
La exposición al plomo disminuyó un 27% en niños y un 49% en adultos respecto a estudios anteriores. ANSES lo atribuye a políticas de salud pública como la prohibición de la gasolina con plomo y del uso de este metal en pinturas y tuberías.

No obstante, Sirot matizó:

"Aunque el agua sigue siendo un factor importante en nuestra exposición al plomo, no es el único: el pan y las verduras también influyen, además de las bebidas alcohólicas en el caso de los adultos" .

Un problema europeo
Las conclusiones del informe francés reflejan una preocupación más amplia en toda Europa. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha alertado sobre la presencia frecuente de metales pesados como arsénico, cadmio, plomo y mercurio en los alimentos, especialmente en el marisco.

El arsénico inorgánico supone un riesgo particular por su relación con lesiones cutáneas, cáncer, toxicidad para el desarrollo, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

Conclusión: información para actuar, no para alarmarse
El estudio EAT3 no busca generar pánico, sino proporcionar datos precisos para que las autoridades sanitarias y los consumidores puedan tomar decisiones informadas. Las recomendaciones son claras:

  • Variar el consumo de pescado, incluyendo especies de distintos eslabones de la cadena alimentaria.
  • Moderar el consumo de bollería y galletas, especialmente en niños.
  • Mantener una dieta equilibrada, rica en verduras, cuyos beneficios superan ampliamente los riesgos detectados.
  • Seguir avanzando en políticas públicas que reduzcan la presencia de contaminantes en los alimentos.

La ciencia alerta, pero también orienta. Y en ese equilibrio entre riesgo y beneficio, la clave sigue siendo la misma: información, variedad y moderación.