Los líderes europeos han rechazado tajantemente cualquier intento de Estados Unidos y Rusia de rediseñar la arquitectura de seguridad del continente sin su participación, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, sugiriera que Washington podría estar cerca de alcanzar un amplio acuerdo con Moscú que iría más allá de Ucrania y afectaría a toda Europa.
Las declaraciones de Trump, realizadas este jueves, han reavivado la preocupación entre los aliados europeos ante la posibilidad de que la Administración estadounidense avance hacia un acuerdo de seguridad que satisfaga las antiguas exigencias del presidente ruso, Vladímir Putin, en detrimento de los intereses europeos. Trump describió el posible acuerdo como algo "muy grande" que implicaría no solo a Ucrania, sino también "a toda Europa". "Va a ser un acuerdo grande y hermoso, y todo el mundo va a estar encantado", afirmó, sin ofrecer más detalles.
Sus palabras llegaron mientras Jared Kushner, su yerno y enviado especial, anunciaba que Washington trabajaba en una arquitectura de seguridad europea más amplia destinada a crear las condiciones para una paz duradera.
"Ya contamos con una arquitectura de seguridad europea"
La iniciativa suscitó de inmediato objeciones entre los responsables europeos, que insisten en que los mecanismos de seguridad del continente ya están establecidos y no pueden renegociarse sin su participación. "Ya contamos con una arquitectura de seguridad europea", declaró este viernes en Varsovia la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas. "El problema sigue siendo que Rusia continúa incumpliendo los tratados que la sustentan. La OTAN no suponía ninguna amenaza para Rusia en 2021 y tampoco supone ninguna amenaza en este momento. Putin no tiene derecho de veto sobre la seguridad europea". Kallas subrayó además que la Unión Europea tendría que participar en cualquier acuerdo para que este pudiera llevarse a la práctica.
Su postura fue respaldada por el ministro de Exteriores polaco, Radosław Sikorski, quien advirtió de que cualquier acuerdo sobre Ucrania y el futuro de Europa alcanzado sin la participación de los países europeos sería políticamente inaceptable y prácticamente imposible de aplicar. "Un acuerdo sobre el futuro de Ucrania y de Europa tomado por encima de nosotros no solo sería imprudente. En realidad, es imposible", afirmó. Por su parte, el ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, sostuvo que Moscú no puede ser considerado garante de la seguridad europea y defendió que la prioridad debe ser proteger a Europa frente a la agresión rusa, en lugar de negociar esferas de influencia con el Kremlin. "Tenemos que hablar de cómo protegernos de Rusia, no de hablar con los rusos sobre esferas de influencia en Europa", afirmó.
Washington busca un marco de seguridad más amplio
El desacuerdo diplomático se produce en un momento en que la Administración Trump intensifica sus esfuerzos para poner fin a la guerra en Ucrania, mientras representantes estadounidenses se preparan para retomar las negociaciones entre Kiev y Moscú en Abu Dabi la próxima semana. A comienzos de esta semana, representantes estadounidenses mantuvieron dos días de conversaciones en Bruselas con responsables de la OTAN, la Unión Europea y las principales potencias europeas, centradas en las garantías de seguridad para Ucrania y en el futuro de la arquitectura de seguridad del continente.
Kushner, que participó en las conversaciones por videoconferencia, expuso posteriormente la intención de Washington de desarrollar un marco más amplio y afirmó que Estados Unidos trabaja en medidas prácticas para atender las preocupaciones de seguridad de todas las partes y sentar las bases de una paz duradera. La propuesta estadounidense refleja un intento de vincular la seguridad de Ucrania tras la guerra con las relaciones más amplias entre Rusia y Occidente. Sin embargo, este planteamiento ha reavivado las preocupaciones históricas de Europa ante las ambiciones de Moscú de revisar el orden de seguridad establecido tras el final de la Guerra Fría.
Antes de lanzar su invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, Rusia presentó un ultimátum a la OTAN en el que exigía cambios fundamentales en la arquitectura de seguridad europea, incluida la retirada de las fuerzas de la Alianza de los países que se incorporaron después de 1997. La organización militar rechazó esas exigencias, argumentando que los Estados soberanos tienen derecho a decidir sus propios acuerdos de seguridad.
Europa exige estar en la mesa de negociación
Para las capitales europeas, la cuestión central no es solo si Washington puede negociar el fin de la guerra, sino también si pueden adoptarse decisiones que afecten a la seguridad de todo el continente sin la participación directa de los países implicados. Europa ha reclamado en repetidas ocasiones un papel más destacado en los esfuerzos diplomáticos liderados por Estados Unidos, especialmente a medida que las conversaciones se amplían más allá del conflicto en Ucrania.
La portavoz principal de la Comisión Europea, Paula Pinho, señaló este viernes que todavía queda mucho trabajo por hacer antes de alcanzar un acuerdo de paz y recalcó que la Unión Europea debe decidir sobre sus propios asuntos de seguridad. Por su parte, la OTAN reiteró que los aliados de Ucrania trabajan para lograr un final "justo y sostenible" del conflicto. Kushner trató de tranquilizar a los socios europeos al asegurar que no quedarían excluidos del proceso y explicó que Washington pretende mantener consultas estrechas con ellos al margen de las negociaciones de Abu Dabi y que, si se producen avances, las conversaciones pasarían a un formato multilateral más amplio que incluiría su participación directa.
Las conversaciones de Abu Dabi, una prueba crucial
Las negociaciones previstas en Abu Dabi pondrán a prueba la capacidad de Washington para conciliar las demandas contrapuestas de Ucrania, Rusia y sus aliados europeos. Estados Unidos busca elaborar propuestas que permitan poner fin a los combates y, al mismo tiempo, establecer garantías de seguridad capaces de evitar una nueva guerra. Sin embargo, las posiciones de fondo siguen muy alejadas: Ucrania reclama garantías creíbles frente a futuras agresiones rusas, mientras que Moscú lleva tiempo exigiendo restricciones a la presencia y la influencia de la OTAN en Europa del Este.
Los gobiernos europeos, por su parte, están decididos a impedir cualquier acuerdo que suponga recompensar la agresión militar rusa o socavar la soberanía de Ucrania y su derecho a decidir su propio futuro político y de seguridad. Los esfuerzos de Washington por negociar con Moscú un marco de seguridad europeo más amplio tendrán que hacer frente a la firme oposición de los países europeos a cualquier acuerdo que pueda debilitar la OTAN, comprometer los mecanismos de seguridad existentes o limitar la soberanía de los Estados del continente. Las reacciones de Varsovia, Bruselas y Kiev ponen de manifiesto que cualquier acuerdo negociado principalmente entre Washington y Moscú se enfrentaría a una considerable resistencia europea.