El régimen talibán de Afganistán solicitó este lunes a Estados Unidos que actúe con “prudencia y responsabilidad” ante los planes de Washington de enviar a Pakistán a más de 150 ciudadanos afganos, en un contexto marcado por la campaña pakistaní de expulsiones masivas de refugiados y migrantes afganos.
En un comunicado, el Ministerio de Exteriores afgano —que se refiere al país como Emirato Islámico— pidió que cualquier decisión sobre el destino de esos ciudadanos se adopte mediante un “entendimiento bilateral”. “La parte afgana está dispuesta a abordar la cuestión de manera práctica y sobre la base de un entendimiento mutuo. No corresponde a terceros países comerciar con el destino de ciudadanos de otra nación a cambio de privilegios temporales limitados u otras consideraciones, ni comprometer la dignidad humana”, añadió Kabul.
El mensaje llega después de que The New York Times informara el viernes, citando a tres funcionarios estadounidenses, de que la Administración de Donald Trump planea enviar a Pakistán a más de 150 afganos que no han logrado obtener un estatus legal en Estados Unidos y que podrían enfrentar persecución o discriminación si regresan a su país. Según el diario, la ausencia de relaciones diplomáticas entre Washington y los talibanes ha llevado a la Administración estadounidense a plantear Pakistán como país de tránsito para esas devoluciones. El grupo, que podría salir en un vuelo este mismo lunes, incluiría a familiares de afganos que ayudaron a las fuerzas estadounidenses durante las dos décadas de presencia militar internacional en Afganistán, antes del regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021.
Pakistán mantiene desde 2023 una campaña de retorno y expulsión de ciudadanos afganos sin documentación que ha obligado a regresar a Afganistán a más de dos millones de personas, mientras todavía permanecen en territorio pakistaní más de un millón de afganos. Las expulsiones se han intensificado en los últimos meses en medio del deterioro de las relaciones entre Kabul e Islamabad, marcado por enfrentamientos fronterizos y acusaciones pakistaníes de que los talibanes afganos permiten operar desde su territorio a grupos insurgentes. El asunto migratorio ha abierto además una vía de contacto con el régimen talibán, pese a su aislamiento internacional, con delegaciones de la Unión Europea y países como Alemania que han mantenido conversaciones con Kabul, en algunos casos con mediación de Catar, para gestionar retornos y deportaciones.