El sur de Europa sigue en vilo ante una oleada de incendios forestales que, aunque muestra signos de mejora en algunos puntos críticos, mantiene en alerta a miles de personas y a los equipos de emergencia. En la región francesa de Provenza, las llamas continúan extendiéndose, pero las labores nocturnas lograron evitar que alcanzaran las localidades de Correns y Montfort-sur-Argens. Más de 1.300 bomberos han sido desplegados para contener el fuego, que se ha reavivado en la zona de Gros Bessillon y ha calcinado 1.250 hectáreas adicionales desde el viernes, elevando el total a 4.500 hectáreas desde el inicio del siniestro. A pesar de los esfuerzos, 2.500 personas siguen sin poder regresar a sus hogares.
En el suroeste de Francia, el mayor incendio registrado en los últimos 70 años, cerca de Burdeos, ha sido controlado. Las llamas arrasaron 420 kilómetros cuadrados de bosque de pinos —una superficie cuatro veces mayor que la de París—, y aunque los bomberos mantienen el perímetro contenido, el fuego aún no ha sido declarado "estabilizado", con focos activos y puntos calientes que requieren vigilancia constante. Veinte departamentos franceses permanecen este sábado en alerta naranja por calor, con temperaturas que alcanzarán entre 35 y 39 grados en el Mediterráneo, mientras ocho departamentos afrontan un riesgo elevado de incendios.
Grecia, evacuaciones y rescates en Porto Germeno
En Grecia, más de 400 bomberos, apoyados por decenas de aeronaves, combaten un incendio que amenaza el popular complejo costero de Porto Germeno, al noroeste de Atenas. Los fuertes vientos, que alcanzaron los 130 kilómetros por hora, han complicado las tareas de extinción. El fuego, declarado el viernes cerca de Agios Vasileios, obligó al rescate por mar de unas 300 personas que inicialmente desatendieron la orden de evacuación. Esta semana se han registrado incendios en varias zonas del país, incluyendo la isla de Creta, y tres bomberos han perdido la vida en el cumplimiento de su deber.
España: mejora generalizada, pero sin tregua
En España, el Gobierno dio por finalizada la emergencia nacional el jueves, pero el fuego no da tregua. Este fin de semana se han declarado dos nuevos incendios: uno en Villalba del Alcor (Huelva), de origen desconocido, que movilizó cuatro medios aéreos y 18 efectivos; y otro en La Ribagorza (Huesca), provocado por una tormenta eléctrica que generó una decena de focos en Sierra Calva, a más de 2.000 metros de altitud.
En Castilla y León la situación es mixta. El incendio de Fermoselle (Zamora), que ha calcinado unas 11.000 hectáreas, evoluciona favorablemente gracias al trabajo nocturno y a una humedad cercana al 80%, lo que ha permitido rebajar su peligrosidad al nivel más bajo (IGR 1), aunque se esperan condiciones adversas por la tarde. En León, en cambio, la cosa empeora: al fuego de Veguellina —que obligó a evacuar tres localidades— y al de Valdelaloba (en mejora), se suma ahora un nuevo incendio en San Tirso.
El resto de grandes incendios muestra signos claros de mejora. En Castellón, el fuego de la Vall d’Uixó, con 9.568 hectáreas quemadas, se considera estabilizado en su séptimo día, y todos los evacuados han podido regresar. La Guardia Civil sospecha que fue intencionado. En Madrid y Ávila, los incendios de la Sierra Oeste, que arrasaron más de 70.000 hectáreas, están "técnicamente estabilizados", lo que ha permitido desmontar el puesto de mando de Navalcarnero, aunque un rebrote puntual en el embalse de San Juan fue extinguido el viernes. El de Burgohondo (Ávila) evoluciona según lo previsto, con expectativas de control en los próximos días, aunque mantiene el nivel de peligrosidad IGR 2.
En un verano que no da respiro, los equipos de emergencia de tres países europeos continúan su lucha contra unas llamas que, aunque retroceden en algunos frentes, siguen amenazando vidas, hogares y ecosistemas.